Los coches de caballos

Las distintas corporaciones han intentado reglamentar para mejorar el servicio

Sevilla es una de las pocas ciudades del mundo que conserva un servicio de coches de caballos de alquiler. En la Plaza de San Francisco hubo durante muchos años una parada de coches de punto, tal como aparece en fotos antiguas. Eran un modo de transporte. Ahora es un servicio principalmente para turistas, aunque a los sevillanos siempre nos ha gustado verlos pasar por la ciudad como algo nuestro. Y utilizarlos en algunas ocasiones señaladas, como ir a la Feria o dar un paseo familiar por el parque de María Luisa. Me temo que estoy hablando de mi infancia más que de la actualidad. Siempre hemos pensado que es un servicio que lleva toda la vida y así seguirá. Pero puede que no. Y me pregunto: ¿a quién le importaría si desaparecen los coches de caballos en Sevilla? A mí sí.

Los tiempos van cambiando y lo que en algún momento ha sido una pequeña molestia de olores de los caballos, puede darse la vuelta y, como ha ocurrido en Nueva York, aparecer una corriente de opinión sobre el maltrato que suponía para los animales el convivir con el pesado tráfico de la ciudad. Hace unos años llegaron a un acuerdo: se mantienen, pero solamente pasearán por lugares concretos de Central Park. No hace falta estar muy atento, para notar que los coches de caballos o calesas como les llaman en Viena, Praga, Buenos Aires y Nueva Orleans, van a menos. Por no citar Cracovia o Quebec, en los que prácticamente son una atracción para ciertos acontecimientos, como bodas.

Entre nosotros, estos últimos años ha crecido el aprecio de caballos y carruajes, por la buena gestión del Real Club de Enganches de Andalucía y de la Asociación Nacional de Criadores de Caballos de Pura Raza Española, ambas radicadas en Sevilla y promotoras de certámenes como el Salón Internacional del Caballo en Fibes y la Exhibición en la Real Maestranza, de tanto éxito de aficionados y público en general, como demuestra la multitud de sevillanos que se pasean por la calle Adriano o la calle Antonia Díaz, la mañana del domingo de Feria. Se aprecia que forma parte de nuestra cultura tanto un bello ejemplar de caballo como un carruaje bien enganchado y manejado. Tanto, que el paseo de caballistas del Real se ha transformado en un vistoso paseo de coches y ha convertido la feria de día en la expresión más genuina de la misma, como siempre fue.

¿Se corresponde esa afición y cuido de nuestras tradiciones con el presente de los coches de caballos de alquiler? Quizás no. Las distintas corporaciones municipales han intentado reglamentar y firmar convenios para mejorar el servicio, la conservación de los carruajes, la salud de los caballos, la vestimenta de los cocheros, la limpieza de los excrementos, etc. Algo se ha conseguido, pero en mi opinión no lo suficiente. Y ojo, que ahora están en un momento de vacas flacas, como todas las actividades que viven de los turistas. Los coches de caballos, que nos molestan a veces, pero que nos gustaría que siempre formaran parte de la imagen de Sevilla.

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