Cambio de sentido

Carmen Camacho

Los coloquios

NI en el foro ni en la casa: no es tan fácil asistir a un diálogo de verdad, esto es, entre personas lo bastante valientes como para dejarse de dogmas -que ahora haylos de todo pelaje-, abrirse a otras miradas, al asombro y a la duda, y que usen la palabra para defender la verdad y construir desde ella. Conversar, con aire liberal, sobre asuntos baladíes y ajenos es perfecto para consolarnos y pasar por menos cerriles y acérrimas. Pero en lo que de veras concierne, asomarnos al otro conlleva acercarnos al propio filo. Como dijo el poeta, "no fuimos educados para el vértigo".

En el debate público, la actitud y capacidades para la búsqueda -diálogo a través- de la razón común están diezmadas. En política nacional, a estas alturas del centrifugado, ya sólo oímos, como si la cosa no fuera con nosotros, ladridos más allá de los calveros, y si prestamos atención a las acrobacias dialécticas de nuestros políticos, al instante nos entra apuro ajeno -lo que se me subió la color cuando Susana Díaz comparó a Juanma Moreno con Platanito, cuando Iglesias bromeó con ofrecer su despacho al amour fou de Andrea Levy, y no sigo por la derecha que no acabo-. En los medios, no es raro encontrar opinadores que insultan al paso a quien no piense y viva como ellos, o que recurren a la fuerza de la costumbre, de la autoridad o de la indiferencia (recomiendo, a la sazón, el artículo de Mary Beard La voz pública de las mujeres en Letras libres). Las redes, ni olerlas, si en algo estimamos la pituitaria. En lo privado -exclusivamente-, si el diálogo es impostado, en rallante pianississimo y repite la terminología de los libros de autoayuda, es preferible que la tengamos, ¡y a lo mediterráneo!: en la comida, con servilletazo de salida sobre la mesa, juramentos, cruces y reproches al alimón, los chiquillos riéndose por lo bajo y abrazos y mucha palinodia después. Que en estos equinoccios de salón hay mucha catarsis. En mi familia, situaciones como esta se denominan -ironías- con la expresión popular "tener los coloquios".

Perdida la fe en el disenso inteligente, cuando nada cabe esperar, sucede lo imposible. En Colombia, el Gobierno y las FARC "han tenido los coloquios", pero los de verdad. Esa es la primera y muy rara y feliz noticia. El próximo 26 firmarán la paz. Queda el refrendo popular. Irán a las urnas con la herida abierta. Hermanos colombianos, en España esperamos de vosotros eso que a nosotros por ahora no nos sale: construir desde el diálogo.

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