Gafas de cerca

josé Ignacio / Rufino

El otro 'convoluto'

EL borracho entra en el bar atravesando una puerta giratoria. Pide una copa al camarero con la lengua corchuda. El camarero se la niega y le pide que se marche del local. Al intentar salir, el sujeto da la vuelta completa a la puerta y se vuelve a encontrar de frente al camarero. "¿Qué pasa? ¿Es que eres el dueño de todos los bares de esta calle?". Fin del chiste. La traslación del mismo a las relaciones de promiscuidad entre políticos y grandes empresas implica concluir que dichas relaciones concentran espuriamente el poder y aguan el control que la política debe ejercer sobre la actividad empresarial por el bien de la libre competencia y, a la postre, de los ciudadanos a los que representan los gobernantes votados por ellos: los dueños del cotarro y del convoluto son los mismos, hacen pandilla; suyos son los bares de la calle. El embajador alemán Guido Brunner nos brindó ese neologismo, convoluto, traduciendo por las bravas del alemán konvolut, o sea, relío o alianza de poderes entre empresas y políticos que acabarán con una silla bien remunerada en un consejo de administración: de bien nacidos es ser agradecidos. Casi la mitad de las empresas del Íbex 35 cuentan con consejeros que previamente fueron ministros, consejeros autonómicos o presidentes de algún Gobierno. ¿Cómo les huele?

Hay otro modelo de puertas giratorias que también contribuye a alimentar conspiranoias (que no son tales paranoias conspirativas en muchas ocasiones, sino pura noia, o sea conocimiento sin patología obsesiva alguna). Se trata de los cambios de altos ejecutivos entre las grandes compañías. Es evidente que los Cristiano Ronaldo corporativos cambian de empresa al mejor postor. Nada que objetar, por supuesto. Otra cosa es que un CEO o presidente ejecutivo de una empresa fiche por otra en la que la información reservada que manejaba el CEO sea muy nutritiva. Normalmente, para hacer daño a su anterior compañía, y generar beneficio extra a la nueva. Y al propio ejecutivo, claro.

En julio de este año, Blackrock fichó al máximo ejecutivo de Abengoa, Manuel Sánchez Ortega. Blackrock es un fondo que invierte aquí y allí, y es capaz de hacer tambalear a compañías con una práctica reconocida como especulativa, dañina o carroñera, según: las llamadas "posiciones cortas". Desde entonces, con mayor intensidad que antes, Abengoa fue vapuleada arriba y abajo en los mercados de valores, hasta ser tumbada y dejada KO, en la antesala de la quiebra. ¿Cómo les huele?

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