La ciudad y los días

carlos / colón

Un cuerpo en el vertedero

UN cuerpo desmadejado cayendo de un contenedor de basura a un vertedero. La imagen tiene connotaciones antiquísimas -los cadáveres arrojados a un carro y después a una fosa común durante un epidemia- y perversas -los cuerpos esqueléticos recogidos por excavadoras en un campo de exterminio-. Sin embargo esto no ha pasado en la Sevilla de la epidemia de 1646 ni en Auschwitz, sino hoy y en Alcalá de Guadaíra. La peste bubónica, en este caso, es la pobreza extrema. Y el totalitarismo que condena a muchos a vivir -y a veces también a morir- en la calle es la injusticia y la desigualdad agravadas por la crisis.

Es posible que el desdichado indigente que se refugió en el contenedor, murió allí y fue arrojado al vertedero tuviera también algo de responsabilidad en su situación. No siempre toda la culpa es de las circunstancias. Pero está claro que nadie elige este destino, por autodestructivo que sea o errática que haya sido su vida. Y está aún más claro que nadie elige esta muerte. Desconozco de quién y en qué circunstancias nació este hombre, qué oportunidades le dio la vida o cuántas desaprovechó él. Pero cuando nació tenía derecho a que unas circunstancias que pueden y deben evitarse no cercenaran sus posibilidades y le condenaran a morir así.

En el polo opuesto del talento, el éxito y la riqueza, Philip Seymour Hoffman murió en un apartamento de Manhattan como cualquier desgraciado sin recursos pueda hacerlo en un sórdido cuartucho o un solar del extrarradio. Un testigo que compartió con él recientemente un vuelo lo confundió con los indigentes que pululan por los aeropuertos.

Hay, es cierto, muchas formas de indigencia. Siempre existirán los procesos de autodestrucción que acechan a quienes lo tienen todo. Esto forma parte de la naturaleza humana, de las inducciones sociales en cada momento vigentes (Hoffman fue joven en un entorno universitario e intelectual de exaltación de la droga y apoteosis de la heroína) y del margen de libertad personal que cada cual se construya. Pero no deberían existir la marginación que condena desde la cuna, la desigualdad y la injusticia que restringen la libertad personal como dictaduras que viven dentro de las democracias y situaciones como la del indigente que se refugió en un contenedor -basura humana, residuo social- y allí encontró una muerte que no se conoció hasta que su cuerpo fue arrojado a un vertedero.

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