Sine die

Ismael / Yebra

La dama del perrito

CON el riesgo de convertirme en una nueva versión del consultorio de Elena Francis, doy cuenta de la recepción de una carta en la que una lectora me da información sobre la señora que retraté en mi artículo Luna de parasceve, publicada en este diario el pasado Jueves Santo. Creo que merece este espacio porque pone cara a una lacra social como es la indigencia. Todos vemos a diario a personas que duermen en la calle, tendidos sobre cartones y arropados con viejas mantas. Les vemos sentados junto a sus escasas e inservibles pertenencias y pasamos por su lado sin más, pero algunos llaman especialmente nuestra atención, como es el caso que nos ocupa o ese señor que habita un soportal de la Florida con la faz rojiza y la expresión radiante, no sé si de felicidad o de ironía.

Me informan que la señora que yo retrataba es una mujer cabal, con la cabeza en su sitio, que es consciente de su situación y la acepta; es creyente y piensa en la vida futura más que en cosas terrenales. Duerme en los cajeros de los bancos, aunque a veces no descansa lo suficiente porque se levanta temprano para no molestar a los clientes que acuden a la oficina. Coge sus pertenencias y sus perros y se va a otro lado a dar una cabezadita. Añade mi interlocutora que podría solicitar alguna paga o ayuda social, pero ella dice que no es persona de molestar, que ya está acostumbrada y no es amiga del papeleo.

La vida y la calle nos dan lecciones a diario. Cuando caminamos de prisa, sin mirar a nuestro alrededor, se nos escapan mensajes que son los que hacen posible que el hombre siga siendo humano. El Jueves Santo le puse cara a una indigente sobre un paisaje crepuscular por las calles de Sevilla. Hoy le pongo alma a una fotografía como hizo Juan Lamillar en su poemario Música de cámara. Tan cuerda está la señora que pregunta: ¿Haré daño a Sevilla con estos enseres a cuestas que son un posible foco de infección? Con la de hijos de su madre que hay sueltos por ahí, usted, señora, es un lujo para Sevilla. Usted es una lección viviente de humanidad y de cuanta inhumanidad florece en la sociedad actual. Usted es el símbolo de la mejor Sevilla, la de Mañara, la de Madre Angelita, la que sobrevive a los que creen que son triunfadores cuando no son más que unos desgraciados, esclavos de un materialismo absurdo. Usted, señora, con el permiso de Chéjov, es la auténtica dama del perrito.

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