La ciudad y los días

carlos / colón

Que no nos empujen

LOS republicanos tienen tanto derecho a desear la Tercera República como a manifestarse -pacíficamente, se entiende- reclamándola. Lo que no se puede (si se puede, por desgracia, pero no se debe) es manipular, mentir, hablar desde la subjetividad pasional, el odio o el rencor. Cayo Lara hacía ayer una proclama republicana apelando a los miles, y según él tal vez millones de personas, que se van a manifestar exigiendo la Tercera República. Y se puso manos a la obra junto a sus posibles socios bananeros: ayer mismo IU y Podemos, junto a otros partidos de izquierda, convocaban manifestaciones republicanas. El PSOE, en plena crisis interna, adoptaba una postura institucional responsable y constitucional. Pero hay cierta agitación en sus sectores largocaballeristas, desde Pérez Tapias a las Juventudes Socialistas.

Oigo a una señora de un partido republicano afirmar que el referéndum es necesario porque "no se trata de república sí o no, sino de democracia sí o no". Esto es mentira. Pretender que la monarquía parlamentaria no es democrática es, además de una falsedad, un insulto a la inteligencia. ¿Es necesario soltar la retahíla de Inglaterra, Holanda, Bélgica, Suecia y Dinamarca? Democracias mucho más estables y longevas -la inglesa es la más antigua del mundo, sin soportar una dictadura desde los tiempos de Cromwell- que la nuestra.

Exponga cada cual su opinión, pero sin mentir, excitar pasiones y manipular. Manifiéstese quien quiera, pero sin violencia ni insultos. No nos jugamos mucho: nos lo jugamos todo. Todo lo conseguido en tres décadas de libertades democráticas, el periodo más largo de paz, libertad y prosperidad -con la salvedad de la crisis actual- que hayamos conocido en nuestra historia.

Dijo Gabilondo en La Sexta: "Me gustaría que no nos empujaran, que no nos hagan andar a golpes pasionales, que nos den tiempo para reflexionar serenamente…". Pues eso, que no nos empujen. Y ayer por la tarde empezaron a hacerlo quienes ponen sus convicciones personales y sus pasiones subjetivas por encima del bien común. Si estuviéramos, como algunos sostienen, ante una segunda Transición necesitamos el sentido común, la inteligencia y la responsabilidad que entonces tuvieron los españoles, los líderes políticos y el Rey. ¿Estaremos a la altura? ¿Sabremos resistir o nos dejaremos empujar? Porque lo que está claro es que hay quienes pretenden empujarnos.

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