Notas al margen
David Fernández
Los europeos no sabemos ni qué decir
EN el tarot el as de espadas representa la posibilidad de conocer la realidad tal cual es. Es un aviso de que pronto se solventarán las dudas sobre la cuestión que se haya planteado. En la cartomancia el as de espadas advierte de trámites legales que junto a copas estarán relacionados con la familia, junto a bastos con cuestiones profesionales y junto a oros con el dinero. Si aparece invertida alerta de la posibilidad de ser estafado.
Más espadas. En un cuadro de George Latour, titulado Tahúr con as de espadas, se ve a una furcia y a su compinche, que se está sacando disimuladamente un as de espadas del cinturón, timando a un joven rico y memo. El as de espadas fue un tebeo publicado en 1954 y protagonizado por el espadachín César Conway, discreta creación de la época de declive del gran Manuel Gago que, justo una década antes, había triunfado con El guerrero del antifaz. Fue aplastado dos años después por la aparición de El Capitán Trueno. Y más espadas. Echar un cuarto a espadas es intervenir en una discusión para aportar una opinión propia. La espada de Damocles representa una amenaza que pende sobre nosotros. Estar entre la espada y la pared alude a una situación apurada de difícil salida.
No sé con cual de estos sentidos tendrá que ver Espadas, el futuro candidato socialista a la Alcaldía de Sevilla, si es que tiene que ver con alguno de ellos. ¿Solventará dudas? ¿Solucionará algunos apuros relacionados con asuntillos de contratos? ¿Tendrá escondidas en la manga cartas que devuelvan a la ciudadanía la confianza en su partido? ¿El funesto precedente le condenará al fracaso como a César Conway y será aplastado por el Capitán Zoido? ¿Le saldrá bien al PSOE echar este cuarto a espadas, tan poco conocido por la ciudadanía? ¿Será capaz de liberar al patrimonio de Sevilla de la cateta política que la tiene entre la espada de un falso concepto de progreso y la pared de su tematización hortera?
Lo que sí sé es que su espada de Damocles se llama Monteseirín. Por eso el as de espadas de Juan Espadas sería una epidemia de amnesia que hiciera olvidar lo que su partido, vía gobierno municipal y pacto con IU, ha hecho con Sevilla. Y si salen, como saldrán, diciendo que lo ha hecho estupendamente ("es un gran alcalde, como demuestra cada día", ha dicho ya Espadas) que me expliquen por qué su partido quiere mantener al futuro candidato apartado del desgastado entorno de Monteseirín y por qué no saben en qué sitio del paso de misterio del poder van a poner al casi ex alcalde, o hasta si lo van a vender a un pueblo, como si de un tosco sayón se tratara.
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