La ventana

Luis Carlos Peris

Un éxodo vergonzante que se nos vuelve en contra

DUELE el alma, se rompen los adentros, fluye el llanto de la estupefacción y se deja de creer en lo más básico viendo esa tristísima travesía del desierto de trescientos desheredados que no encuentran su particularísima tierra de promisión. Es el de esas familias gitanas que vagan por el perímetro de la ciudad un drama que nos llena de oprobio a todos, que nos descalifica para una convivencia mínimamente normal. Estamos asistiendo a un espectacular desmoronamiento de nuestra sociedad que empieza por el hecho de que no se reconozca a esa legión de desgraciados como integrantes de pleno derecho de ella. Duele la sangre ver a niños y ancianos vagando en busca de un palmo de tierra donde caerse. De un sitio los echa un Ministerio, de otro la Autoridad Portuaria, Dos Hermanas ha levantado un fielato inhoradable, los políticos no dan la cara y el éxodo continúa como baldón para todos.

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