La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Los tontos de las pre-uvas
SÓLO en Italia pueden congregarse doce millones y medio de espectadores alrededor de un apasionante programa televisivo en el que se daba lectura al texto de la Constitución por parte de un cómico de inmenso talento, Roberto Benigni. Y sólo allí se puede ver, el mismo día, a una joven conocida como Ruby recibir una multa de 500 euros por no comparecer en un juicio en el que el antiguo primer ministro está acusado de haberle pagado por mantener relaciones sexuales cuando ella era aún menor de edad.
Italia es un país de extremos, capaz de la mayor sofisticación como de la más pura y escandalosa grosería, un país dividido entre las aspiraciones espirituales y progresistas y el inmovilismo fatalista ante la incapacidad de cambiar. La formación del Gobierno de Mario Monti nos ha permitido ver el lado más luminoso de la política italiana: un movimiento de unión nacional en el que los partidos más grandes se han unido para apoyar una serie de decisiones sobre las que existía un verdadero consenso, pero que eran difíciles de asumir.
Fue Berlusconi quien, al entrar de nuevo en el ruedo, rompió la tregua. Esta nueva opereta tiene un cuarteto protagonista de lo más peculiar.
El cómico locuaz
Se dice con frecuencia que Italia es un laboratorio político para el resto de Europa. Ciertamente, la entrada en escena del Movimiento 5 Estrellas, capitaneado por un cómico antisistema, Beppe Grillo, parece anunciar movimientos similares en otros países de Europa. Postideológico y demagógico, carente de programa y de estructura, anárquico pero dirigido con mano de hierro por Grillo y su séquito, este movimiento político pretende revolucionar el sistema desde dentro. Evidentemente, las políticas europeas de austeridad son uno de sus caballos de batalla.
El académico europeísta
Es precisamente la aplastante presencia de estas políticas de austeridad en la escena política lo que ha permitido la emergencia de otro movimiento diametralmente opuesto: la coalición centrista que apoya al actual primer ministro italiano, Mario Monti. En la interminable sopa de letras italiana siempre ha habido lugar para los centristas, pero nunca hasta ahora habían tenido un líder de la estatura de Monti. Serio, estirado, riguroso y poco locuaz, el profesor Monti ha introducido una saludable dosis de distanciamiento y racionalidad en la alocada política italiana. Sin embargo, ha demostrado carecer de la picardía y de los reflejos tácticos que caracterizan a un buen candidato. En política, ya se sabe, no llegan a la meta los mejores, sino los que se aferran con más determinación al tren en marcha.
El sátiro/sátrapa
Más a la derecha, el sátiro Berlusconi, un hombre que durante años ha vendido cambio, reformas radicales, liberalismo empresarial y tabula rasa. Al contrario, una vez en el poder, sólo ha sabido generar un extraño cóctel de pragmatismo, provocaciones gratuitas, defensa de los intereses personales y, a fin de cuentas, un imperturbable inmovilismo. A pesar de todo, no ha habido modo de expulsarlo duraderamente del más alto círculo del poder. Creo que su arma más eficaz ha sido el victimismo, esa imagen de rebelde, en conexión directa con el pueblo, al que los poderes fácticos quieren destruir. Durante todos estos años, cada ataque de la oposición ha tenido el efecto de dar vuelo a su teoría conspiratoria: todos contra mí. Esta vez parece difícil que gane, en parte porque su comportamiento ha espantado a sus bases conservadoras.
La esperanza gris
Finalmente, Pierluigi Bersani, el representante de la izquierda reformista de gestión. Ex comunista, varias veces ministro, antiguo diputado europeo, carece de carisma y parece representar una forma algo anticuada de entender la política. Sin embargo, el proceso de primarias que le eligió le ha conferido una auténtica legitimidad democrática y una estatura nacional. Con él, la izquierda espera poder gobernar al fin con algo de estabilidad, después de las frágiles mayorías de 1996 y 2006; para ello cuenta con una reciente reforma del sistema electoral italiano que, dentro de la proporcionalidad, garantiza una mayoría absoluta a la coalición que obtenga más votos. Si gobierna, lo hará en uno de los peores momentos de las últimas décadas, prácticamente obligado a aplicar las recetas de reducción del déficit y reformas estructurales.
Bersani era el favorito de los sondeos, pero la fuerza del movimiento de Beppe Grillo y la impredecible relación de los italianos con Berlusconi inducen al pesimismo. Bersani se arriesga a dejarse acorralar por la demagogia de unos y otros y por su propia incapacidad para proponer soluciones novedosas a la deprimente situación actual del país.
La suerte está echada. Que gane la Italia de Benigni.
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