las claves

pilar Cernuda

La gran coalición como antídoto ante Podemos

Elecciones. El auge de la formación de Pablo Iglesias pone sobre la mesa un pacto PP-PSOE a la alemana que los socialistas en principio descartan pero los populares estudiarían

EN el PP y en el PSOE, como es lógico, han saltado las alarmas ante el avance imparable de Podemos que auguran las últimas encuestas -que se completarán con otra en la misma línea de la revista de Alfonso Guerra, Temas, en los próximos días- y que si tienen reflejo en las próximas elecciones generales impedirían que PP o PSOE pudieran gobernar en solitario con una mayoría suficientemente sólida, estable.

Esas encuestas han reabierto el debate sobre la oportunidad de que los dos partidos mayoritarios formasen un Gobierno de coalición para detener al populismo que abandera Pablo Iglesias, la gran coalición a la que se refiere desde hace meses Felipe González. Precisamente desde que las elecciones europeas supusieran un fuerte varapalo para los dos partidos hegemónicos y marcaron el inicio del espectacular despegue de Podemos.

En el PP no es difícil encontrar voces autorizadas que, en privado, abogan por una fórmula de coalición si en las próximas generales se produce un importante avance de un partido que, si gobernara, sería un desastre para España, y ponen siempre como ejemplo el caso de Alemania, con una tradición muy implantada en gobiernos mixtos o la situación que se vive ahora en el Reino Unido, cuando David Cameron buscó mayor estabilidad para los conservadores al pactar con los liberales de Nick Clegg. Pero en el otro lado, cuando se hurga en esa posibilidad, es difícil encontrar un dirigente socialista que acepte un Gobierno de coalición con el PSOE si es el PSOE la primera fuerza. Es decir, consideran una buena salida que los socialistas formen parte de un Gobierno presidido por el PP, pero se advierte el desconcierto cuando se les pregunta si aceptarían formar parte de un gobierno de coalición presidido por el PSOE.

Pedro Sánchez ha advertido en los últimos días que en ningún caso gobernaría con "populismos" si ganara elecciones sin lograr mayoría absoluta. Se refería a Podemos, evidentemente. Cuando se le insistió sobre ese mismo asunto respondió lo mismo, pero añadió que si ganara las elecciones pero sin alcanzar un resultado contundente, más que un Gobierno de coalición buscaría pactos puntuales para cuestiones que fueran básicas para el bien del país, y se interpretó que abría así una puerta a Podemos. Tal interpretación es imprecisa: desde su entorno se asegura que no pretende llegar a acuerdos con Podemos. Y si cuando se celebren las generales quedan PP y PSOE como principales partidos pero en retroceso, lo que buscaría es llegar a acuerdos con el propio PP.

UNA REFORMA DE LA CARTA MAGNA

Un inciso. Desde ese entorno, y debe ser lo que traslada Pedro Sánchez a los suyos, a su equipo, el único escenario que se contempla es que Pedro Sánchez va a ganar las próximas elecciones. Por tanto, cuando se pregunta por posibles coaliciones o pactos, la respuesta siempre llega contemplando a Sánchez como quien ofrece al PP determinados pactos, no como quien responde a las ofertas que le hace Rajoy. Y otro inciso, a pesar de la rumorología, alentada por periodistas más que por dirigentes del PP, Sánchez está absolutamente convencido de que su adversario va a ser Rajoy. Porque sabe que nadie importante del PP le cuestiona y porque sabe también que si el partido optara por otro candidato significaría que reconoce el fracaso del actual Gobierno … y pondría en bandeja la derrota del PP y daría vía libre al PSOE, o incluso a Podemos, para ganar las próximas elecciones.

¿A qué tipo de acuerdos se refiere Sánchez cuando abre esa posibilidad de pacto de legislatura? A tres principalmente: reforma de la Constitución, financiación autonómica y fórmulas para facilitar las relaciones entre las distintas comunidades autónomas, y entre las comunidades autonómicas y el Gobierno central, lo que abriría puertas a analizar una a una la oportunidad de ampliar o reducir competencias.

En el PP no ponen mala cara a que en lugar de un pacto de coalición se llegue a acuerdos concretos aunque, al igual que ocurre con los socialistas, cuando se menciona la palabra coalición o pactos en su respuesta se advierte que se refieren siempre al PSOE como segunda fuerza. Dan por hecho que el PP y Mariano Rajoy serán los ganadores de las generales aunque aceptan que no alcanzarán ni de lejos la mayoría absoluta.

Están conformes con llegar a un acuerdo sobre financiación autonómica para corregir la ley actual que fue aprobada por un gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero; aceptan también que se deben buscar vías para mejorar las relaciones entre las comunidades autónomas entre sí y con el Gobierno central y, respecto a la reforma constitucional, no la descartan pero pretenden que no se abra en canal el texto sino únicamente aquellos artículos que deben ser revisados y adaptados a los nuevos tiempos. Por ejemplo, creen que se debe abordar de una vez la sucesión en la Corona y, además de ese aspecto, pretenden que antes de iniciar cualquier reforma constitucional en la próxima legislatura el PSOE defina paralelamente cuales son los artículos que cree necesario abordar, no se puede ir a una mesa negociadora sin una agenda previa que recoja las cuestiones que deben ser actualizadas.

A esta pregunta el PSOE adelanta su posición. Por supuesto, el hecho sucesorio en la Corona, y que desaparezca la prevalencia del varón sobre la mujer. Segundo, reforma del Senado para que se convierta en una auténtica cámara territorial, con los senadores elegidos por los gobiernos autonómicos. Y dar un repaso al hecho autonómico en el sentido de que tienda hacia un Estado definitivamente Federal.

SENTIDO DE ESTADO

El PSOE está convencido de que Rajoy no tiene la menor intención de plantear seriamente la reforma constitucional en la próxima legislatura, por lo que tampoco entra en excesivos detalles sobre sus propuestas autonómicas a la llamada Declaración de Granada en la que, hace meses, la dirección del partido y los barones territoriales plasmaron su proyecto autonómico.

Lo que sí se advierte en el equipo de Pedro Sánchez es un interés máximo en presentarse como un partido con sentido de Estado, que saben que es lo que se busca en el actual secretario general tras el relevo de Alfredo Pérez Rubalcaba, un político cuestionado, que no acertó como máximo responsable del PSOE pero del que nadie duda que era un hombre que defendía con convicción los intereses del conjunto de España.

Sánchez, dicen los suyos, habla con Rajoy más de lo que parece, han abordado todas las cuestiones que preocupan a los españoles y, en lo importante, están de acuerdo.

Mantiene la teoría de que cuanto mejor le vaya a España mejor le irá al PSOE y peor a Podemos, y para que le vaya bien a España cree que es importante llegar a determinados acuerdos con el PP. El nuevo secretario general socialista respeta a Rajoy a pesar de sus discrepancias ideológicas y cuando escucha comentarios sobre su debilidad o su escasa capacidad de transmitir entusiasmo siempre advierte que a Rajoy no se le puede subestimar y se equivoca quien no reconoce que es un político que conoce bien el terreno que pisa.

¿Significa eso que estaría conforme con un Gobierno de coalición a la germana? No. No lo contempla. ¿Y al PP le gustaría un gobierno con Sánchez si ninguno de los dos partidos tiene mayoría estable? Depende. Respuesta muy gallega.

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