Desde mi córner

Luis Carlos Peris

El grupo, por encima de la táctica

TUERZO por Vicente del Bosque, del que me declaro incondicional. Y cuando digo incondicional es incondicionalidad hacia una persona que utiliza a diario el sentido menos común en esta sociedad que vivimos, el sentido común. Acostumbrados como estábamos a que la figura del seleccionador nacional de fútbol fuese silueteada por el fuego cruzado de las filias y de las fobias, la serenidad y conocimiento del charro me parecen admirables.

Lejanos ya en el tiempo los rifirrafes que mantenían los partidarios y los enemigos de Javi Clemente, esta balsa de aceite en que Del Bosque vivaquea me parece un hecho fantástico para nuestro fútbol. Aquello de Clemente con García de defensor y De la Morena y toda su cohorte de fiscal implacable fue malísimo para el equipo nacional. Fue a pesar del pedazo de equipo que conformó el de Baracaldo, sobre todo el que defendió nuestro pabellón en el USA 94.

También a Luis se las hicieron pasar canutas tras aquel Alemania 2006 cuando entre Zidane y Ribery nos mandaron a casa. Y pasaba muy a pesar de lo bien que toreó siempre a la prensa el madrileño, pero aquello tan grave de prescindir de Raúl... Y sin Raúl, pero sobre todo sin Albelda, la selección formó la que formó de la mano de uno de los sabios del fútbol más sabios de cuantos conocí a lo largo de mi vida, tan cercana como ha sido a la gente del fútbol.

Y llegamos a Vicente del Bosque, que es el prototipo adecuado de qué debe ser un seleccionador. Un seleccionador no es un técnico de club que ha de fajarse a diario con el vestuario. El seleccionador ve a su gente de higos a brevas y apenas tiene tiempo para hablar de tácticas y de cómo ganar donde ganan todos, en la pizarra. Un seleccionador ha de dar con el grupo adecuado y una vez que lo ha encontrado como lo encontró Del Bosque, mientras menos novedades, mejor.

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