Jesús Rubio

Un guadalcanalense en el Mar del Sur

CUANDO Francisco González de Guadalcanal llegó a Tierra Firme, lo que hoy es Panamá, en 1508, en la expedición del malogrado Diego de Nicuesa, no podía imaginar que iba a participar en uno de los grandes momentos de la Historia de España: el avistamiento del Océano Pacífico, que entonces se llamó Mar del Sur. Pero así fue: Francisco González de Guadalcanal fue uno de los veintisiete españoles que estuvo en aquella playa del Golfo de San Miguel, el 29 de septiembre de 1529, día en que el extremeño Vasco Núñez de Balboa, jefe de la expedición, tomó posesión de aquellas aguas. El Pacífico, según los cronistas, fue visto por Balboa y su gente el 25 de septiembre, si bien reputados especialistas sitúan dicho momento dos días más tarde, el 27.

González era uno de los primeros vecinos de Guadalcanal en llegar allí. Luego le seguirían muchos, convirtiendo a este pueblo de la Sierra Norte en una de las localidades que más gente aportó en la conquista y colonización de América, sobre todo durante el siglo XVI. Un hecho singular dado el tamaño del municipio. De estos primeros aventureros no hay muchos datos. Sucede lo mismo con nuestro protagonista, pero algo sabemos.

Llegó a Tierra Firme en 1508 porque nos lo confirma el propio Pedrarias Dávila, gobernador de aquellas tierras en 1522, en una orden en la que dispone el reparto de encomiendas. Cita a Francisco de Guadalcanal, del que dice que "llegó hace catorce años, con Diego Nicuesa". Este es el primer dato. Nicuesa llega a Tierra Firme cuando Balboa ya está allí. Ha escapado como polizón de La Española, donde se había endeudado hasta las cejas. Lo había hecho escondido dentro de un tonel, junto con su perro Leoncico, un alano español hijo de Becerrillo, el perro de Juan Ponce de León.

La siguiente noticia de él la tenemos ya dentro de la propia expedición, que parte de Santa María la Antigua del Darién, la ciudad fundada por Balboa, el 1 de septiembre de 1513. Se dice que Balboa ya tenía noticias de aquel gran mar por el cacique de Careta, que además era su suegro. De esta tierra partne, el 4 de septiembre, un centenar de hombres. Van apoyados por hombres de Careta. Y por una jauría de perros, con Leoncico a la cabeza, que sembraría el terror entre los indígenas, sobre todo en el poblado de Torecha, donde los españoles doblegan la resistencia de los carecuá con no poca crueldad. El día 25, a media mañana, según nos narra el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo, Balboa se adelanta a todos y desde la cima de un monte ve el Pacífico. Después llama al resto de expedicionarios. Y el escribano Andrés de Valderrábano toma nota de todos los que están allí. Son 67, porque unos cuantos se han quedado cubriendo la retaguardia en Torecha. Entre ellos está Francisco González de "Guadalcama". No sabemos si la errata es de Valderrábano o del propio González de Oviedo.

Balboa dispone que se avise a los expedicionarios que se han quedado en Torecha, mientras ellos bajan hacia el poblado que se encuentra junto al mar. Esta vez el encuentro con la población de la zona es más amistoso. La solemne toma de posesión, que se produce el día 29, la hace el propio Balboa pero sólo ante 26 testigos, elegidos personalmente por él "entre los mejor dispuestos". Está allí un joven capitán llamado Francisco Pizarro. Y está allí Francisco González de Guadalcanal. Es la segunda vez que González de Oviedo consigna su nombre. El guadalcanalense aparece otra vez relacionado entre los primeros españoles que navegan por las aguas del Pacífico, el 1 de octubre. Todo hace pensar que la presencia de Francisco González en la vanguardia de la expedición se debiera a sus más que probables conocimientos de minería. Profesión de muchos de los vecinos de Guadalcanal, conocida por sus minas de plata ya desde tiempos de los romanos. Ello le hizo ser testigo de uno de los momentos estelares de la Historia de la Humanidad, como lo definió el escritor Stefan Zweig.

Balboa y su gente anduvo por aquellas tierras hasta primeros de 1514. Llegaron a Santa María la Antigua del Darién con cien mil castellanos de oro y multitud de perlas. El rastro de Francisco de Guadalcanal reaparece en 1519, año en que es ejecutado Balboa, acusado de traición por el gobernador Pedrarias Dávila. Es uno de los primeros pobladores de la ciudad de Panamá, fundada por el citado Pedrarias a orillas del nuevo mar. De hecho, es nombrado por el propio gobernador como regidor (concejal) perpetuo de la ciudad. En 1522 está al cargo de dos encomiendas, que en algunos momentos le reportan hasta 76.000 maravedís en oro. En 1530, entonces como alcalde, se opone, junto a sus compañeros del Cabildo, a la decisión del gobernador Pedro de los Ríos de nombrar como lugarteniente a alguien que no pertenece a la élite que conforman ya los primeros descubridores, muy interesados en mantener el estatus privilegiado que han alcanzado gracias a las encomiendas y a la red de intereses establecida con los primeros gobernadores. Es detenido en su casa, ya que se encontraba enfermo. Aunque la cosa no pasa a mayores, Francisco González desaparece como miembro del cabildo de Panamá. Y se borra su rastro en la Historia, en la que no obstante, aparecerá ya para siempre como uno de los primeros europeos que vio el Mar del Sur.

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