La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

El gusto por autoflagelarse

Ante tanta memoria de sombras, quiero recordar a los dominicos Montesinos, De las Casas y De Vitoria

Ayer se cumplieron 500 años de la caída de Tenochtitlán y en septiembre se cumplirán 200 de la independencia de México. Entre estas dos fechas se tensan culpas -reales o inventadas, ciertas o exageradas- que afectan a España más que a ninguna otra nación que haya gobernado un imperio. La leyenda negra, ya saben. Y el gusto por autoflagelarnos. No ha existido conquista sin derramamiento de sangre y agresión a las culturas autóctonas. Piensen en Roma sembrando Europa, el norte de África y Oriente Próximo de anfiteatros, circos, teatros, bibliotecas, templos, foros… y cruces. Y, salvo los majaretas que padecen el síndrome de Asterix, la romanización se agradece en vez de condenarla.

Ante tanta memoria de las sombras y tanto olvido de las luces quiero recordar aquel tercer domingo de Adviento de 1511 en el que el dominico fray Antonio de Montesinos subió al púlpito de la iglesia de Santo Domingo y clamó: "Todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a estos indios? ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, que de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren, y por mejor decir, los matáis, por sacar y adquirir oro cada día?... ¿Estos no son hombres? ¿No tienen almas racionales?". Un año más tarde, tras un debate entre teólogos y juristas, el rey Fernando firmó las Leyes de Burgos u Ordenanzas para el tratamiento de los indios. De nuestras sombras nacieron nuestras luces. Fuimos los primeros en condenar los excesos e intentar corregirlos. Eran los años de Bartolomé de las Casas, de Francisco de Vitoria y de la Escuela de Salamanca que sitúan, junto a Montesinos, a los dominicos españoles en el nacimiento del Derecho Internacional y el reconocimiento de los Derechos Humanos.

Recrearse en las sombras de nuestra historia callando sus luces es un ejercicio estéril además de engañoso y de alguna forma autodestructivo. Afortunadamente, frente a las imbecilidades de López Obrador exigiendo a España que pida perdón o llamando "resistencia indígena" a esta conmemoración, hay voces autorizadas e inteligentes como la del internacionalmente prestigioso arqueólogo mexicano Eduardo Matos Moctezuma, que le ha replicado: "Pues habría que ver quién va a pedir disculpas a los pueblos indígenas que fueron explotados por el imperio mexica".

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