La esquina

¿Qué hacemos con los bancos?

NO sé cuánto tiempo podrá mantenerse en pie la postura del vicepresidente Solbes de defender una respuesta coordinada de la Unión Europea a la crisis financiera. Lo más probable es que poco.

Poco porque la descoordinación es ya un hecho. Irlanda decidió el martes pasado garantizar íntegramente los depósitos de los ahorradores en seis bancos nacionales. Con el automatismo previsible, los irlandeses que tenían sus ahorros en entidades extranjeras, sobre todo británicas, corrieron a sacarlos de ellas para meterlos en los bancos irlandeses beneficiados por la drástica medida de Dublín.

Pero el automatismo se reproduce: ante el temor a la fuga de sus capitales hacia Irlanda, Gran Bretaña aumentó la cobertura garantizada en sus bancos a 66.000 euros por cliente. Grecia y Dinamarca se pusieron más irlandesas aún, decretando la garantía ilimitada para todos sus ahorradores. La puntilla la dio Alemania, que acababa de solicitar algún tipo de sanción a Irlanda y, ante el temor a la quiebra de su principal banco hipotecario, se arrepintió con celeridad y dispuso, igualmente, la garantía total de sus depósitos bancarios.

Con la locomotora alemana marcando el camino y las bolsas en caída generalizada, la propuesta del presidente de la Comisión Europea, Durao Barroso, de duplicar el límite mínimo asegurado a cada cliente, pasándolo de 20.000 a 40.000 euros, se puede considerar ya sobrepasada por los acontecimientos. Teniendo en cuenta que España sitúa su garantía en los 20.000, el anuncio de ayer tarde de que el Gobierno español la elevará, aun sin concretar cuánto, resulta una buena noticia.

Esto lo escribo más por intuición que por conocimientos. Como casi todos, sólo conozco superficialmente los mecanismos de la Bolsa y los intríngulis del sistema financiero, pero pienso que funcionan basándose en buena medida en la confianza. Muchos españoles andan preguntando y preguntándose qué hacer con sus ahorros y algunos ya los han sacado directamente de su banco. Si este miedo se extiende como una mancha de aceite y deviene en pánico, el caos general está a la vuelta de la esquina.

Por el contrario, si el Gobierno español avala los depósitos, serán muy pocos los desconfiados que acudan a la ventanilla a llevárselos y el sistema ganará en tranquilidad, ya que ninguna entidad tendría que responder de inmediato por todo el dinero que le han prestado y se libraría de una eventual quiebra, más que probable en el otro caso. La confianza que el Estado puede proporcionar al ahorrador será la mejor arma para conseguir que el ciudadano, al no retirar su dinero en masa, haga viable el sistema.

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