Antonio brea

Historiador

El hijo del inglés

En el inconsciente colectivo, Irlanda es la patria por antonomasia de lo céltico

Si hacemos caso a las cifras ofrecidas por el INE, la colonia irlandesa en la provincia de Sevilla supera ligeramente las doscientas personas. Dato que hay que poner entre comillas, ya que nos estamos refiriendo únicamente a quienes aparecen registrados en las estadísticas como ciudadanos de la República de Irlanda, quedando fuera un número indeterminado de irlandeses que constan oficialmente como súbditos del Reino Unido. Sirva éste como uno de los muchos ejemplos prácticos del complejo problema de las identidades nacionales, en el ámbito de las Islas Británicas.

En el inconsciente colectivo, Irlanda es la patria por antonomasia de lo céltico, por más que esta tradición naciera en Europa continental, como demuestran los datos aportados por la arqueología. Pero esta cuestión de los orígenes celtas debe ser secundaria, si tenemos en cuenta que el cristianismo, clave fundamental en la personalidad del país y en el devenir de sus conflictos, también surgió a miles de kilómetros.

Figura permanentemente recordada por su papel en la evangelización de sus habitantes es San Patricio, cuya festividad se celebra en todo el mundo a mediados del mes de marzo. Precisamente amparándome en San Patricio, hace tres años que tuve el honor de promover, junto a unos amigos, la presentación del exhaustivo diccionario sentimental de la cultura irlandesa En busca de la Isla Esmeralda, elaborado por nuestro paisano Antonio Rivero Taravillo.

Aquella velada literaria, amenizada por los acordes de un conjunto de música folk, tuvo lugar en el pub O'Neill's de Viapol, uno de los dos espacios sevillanos en los que suelo experimentar una superficial y lúdica conexión con el alma gaélica. El otro, situado a pocos metros del exclusivo hotel Colón, recibe el nombre de The Merchant y es regentado eficazmente por Brendan Martin, con el que tantas veces he vivido momentos de emoción en las gradas de Heliópolis siguiendo las peripecias del equipo de fútbol que comparte los colores verdiblancos de la selección nacional de su país.

Es Irlanda un territorio políticamente dividido desde que en seis de sus treinta y dos condados no triunfara el movimiento independentista que condujo en 1922 a la creación del Estado Libre, antecedente inmediato de la actual República. Pasaron así a constituir esa anomalía histórica llamada Irlanda del Norte, fracturada por el enfrentamiento, larvado o cruento según los tiempos, entre los sectores católicos partidarios de la reunificación bajo la autoridad de Dublín y los protestantes leales a Londres.

Respecto a las tierras que se extienden hacia el sur, tengo pendiente rendirles una merecida visita en la que conjugar los recorridos por las costas a las que arribaban los barcos españoles en la época de las guerras imperiales contra Inglaterra con la ingesta de una buena pinta de cerveza negra a orillas del río Liffey. Aquel que fluye junto a las calles en las que un día Patrick Pearse, hijo de un inglés, se alzó en armas para defender la libertad del pueblo de su madre.

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