Las dos orillas

josé Joaquín / león /

Una huelga insostenible

TODA huelga se diluye en el límite de la insostenibilidad. Llega un momento en que no se puede aguantar. Ese límite se alcanza cuando la gente dice "¡Virgencita, por lo menos que me quede como estaba!", que es cuando se hacen las cuentas y se comprueba que te vas a quedar todavía peor. Eso es lo que ha pasado en Lipasam. Por eso, se desconvocó una huelga absurda, que ha perjudicado a la imagen de Sevilla y a los propios trabajadores, que tampoco son un modelo de relaciones públicas.

El momento era delicado, pues el próximo domingo tendrá lugar en Sevilla el Vía Crucis del Año de la Fe, al que se espera acudan unas 200.000 personas de fuera. En total, habrá un millón, más o menos, que es lo que suele haber cuando hay un Rocío en Pentecostés, o si salen el Gran Poder, Pasión y el Cachorro juntos por una vez en la vida. Este acto tan singular y peculiar se hubiera tenido que suspender, irremisiblemente, tal como estaban las calles de asquerosas. Supongo que el Cecop, siempre presto a prohibir lo que haga falta, no hubiera permitido que los pasos tropezaran con barricadas de basuras. Ni los cofrades lo hubieran consentido.

La huelga de Lipasam se desconvocó porque no había más remedio, después de que no haya servido para nada útil, ni a los trabajadores, ni a Sevilla. En contra de lo que dicen algunos, creo que el alcalde Zoido ha manejado bien el asunto, dentro de que era poco manejable. Pues una vez que estalla una huelga de este tipo, se entra directamente en la anarquía. Lo único que interesa es salir como sea, y con los menos daños posibles. Una vez que se monta el lío, sólo se puede lamentar que no se atajara antes de empezar. Y hay que tomar medidas para acabarlo cuanto antes. La mejor ha sido la amenaza de contratar a una empresa privada para la recogida de basuras, que lo han entendido. Lipasam es, en sí misma, una rareza.

A los sindicatos hay que entenderlos, sobre todo a CCOO, que recondujo el asunto, con su portavoz, Antonio Bazo, incluso dando la versión de lo que piensan los otros. El problema eran las contrataciones. Decían que ahora se van a colocar los del PP, porque colocar a los suyos es como una ley de vida en las empresas municipales. Eso no ha cambiado desde la época de Franco. Pero no hay que buscar ajustes de cuentas. También se debe entender que este trabajo de la recogida de basuras no es de los más bonitos que existen.

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