¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
Hotel España
Todo avance científico puede servir a la crueldad, la ambición de poder y el gusto por matarnos unos a otros que es, quizás, el rasgo más perenne de lo humano desde Caín y Abel o los simios matando a sus congéneres en la apertura de 2001: una odisea del espacio –que con mala leche Kubrick tituló El amanecer del hombre–a los misiles hipersónicos. O que sirva de arma a la estupidez que también parece acompañarnos desde que empezamos a andar erguidos. Nada hay en principio bueno o malo en las aportaciones de la ciencia, todo depende del uso que de ellas se haga.
La tan traída y llevada inteligencia artificial puede ser muy útil o, en el caso extremo avisado por serios especialistas que urgen a su estricta regulación, provocar la extinción de la humanidad (otra vez 2001: HAL 9000 cobrando autonomía y matando a los astronautas). Sin llegar a este extremo ya se evidencia cómo la IA ayuda a la desinformación, la confusión interesada entre lo real y lo falso, la suplantación de identidades, la controladora invasión de la privacidad o la mayor dependencia tecnológica y por lo tanto una mayor vulnerabilidad.
En su versión más imbécil, más cotidiana y más nuestra está su utilización para hacer que las sagradas imágenes de las hermandades cobren vida. Puede parecer una minucia si se compara con los riesgos más graves que su mal uso puede acarrear, pero no lo es. Afecta a nuestras creencias, devociones y sentimientos, como han constatado los cofrades de una hermandad de Málaga que han interpuesto una denuncia tras la generación por IA de sus imágenes dotadas de movimiento y abrazándose. Lo que, como informamos ayer, ya ha sucedido con imágenes de Sevilla, Jerez y otras ciudades andaluzas. Ha hecho muy bien la hermandad malagueña denunciándolo porque en esta cuestión no cabe debate sobre si se trata de creatividad o de falta de respeto. Es lo segundo.
Los modernos medios de comunicación y reproducción, desde la aparición de la fotografía hasta hoy, han hecho mucho por la difusión respetuosa de nuestras sagradas imágenes. La devoción privada, por ejemplo, debe mucho a su reproducción fotográfica. La recuperación de antiguas fotografías y filmaciones es una poderosa ayuda al estudio de la evolución de la Semana Santa. Pero en todos los casos se trata de la reproducción de lo real, no de su manipulación grotesca y ofensiva que debe atajarse ya.
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