Tribuna Económica

gumersindo / ruiz

Una idea peligrosa

ENTRE mis muchas lecturas pendiente estaba el libro del profesor Mark Blyth Austeridad: la historia de una idea peligrosa. En él se da un repaso a las ideologías económicas que, con más o menos fervor, predican la necesidad de recortar el gasto social en educación, sanidad, y privatizar, como forma de reducir el déficit público. Y también, bajo la ambigüedad de la palabra "reformas", enmascaran el intento de cargar el peso de la crisis sobre las clases medias y los más desfavorecidos.

Aunque el título no lo sugiere, se trata de un libro técnico, de historia del pensamiento y económico. Tres ideas se sustentan en él. La primera, que la deuda pública es una consecuencia y no la causa de la crisis; salvo en Grecia, que es la excepción, los despilfarros y abusos pueden resultar llamativos, pero no alcanzan una magnitud que pusieran en peligro las economías. España tenía sólo un 30% de deuda pública sobre el producto interior bruto, y en Andalucía era prácticamente inexistente. La segunda idea es que la crisis aparece -y también esto vale para España y Andalucía- con un inmenso endeudamiento privado en activos inmobiliarios. Se asignó de manera muy ineficiente el crédito privado, creando una burbuja, y no actividad productiva sostenible; cuando la burbuja se rompe, el paro es inevitable y las medidas convencionales de política económica son ineficaces.

El tercer argumento de Blyth es que la idea de contraer el gasto social -lo que se conoce como austeridad- no sólo es injusta sino inútil, no arregla nada y, por tanto, es muy peligrosa. Como hemos podido comprobar en España, pese a los recortes, no se ha conseguido equilibrar las cuentas públicas, pues el deterioro del consumo público y privado ha provocado una recesión, reduciendo la capacidad recaudatoria del Estado. Últimamente hay un extraño pacto de silencio sobre la deuda y el déficit. En 2013 el déficit público español roza el 7% del producto, de manera que si este año la economía crece un 1%, y el déficit es del 5% o el 6%, cada vez generamos menos renta para pagar lo que se debe, que se acerca ya al 100% de la producción de un año. Se ha creado un problema grave, que se disimula por el Banco Central Europeo dando liquidez al sistema crediticio para que adquiera esa deuda pública, y manteniendo artificialmente bajos los tipos de interés de la misma. Los ahorradores europeos financian este proceso, soportando rentabilidades muy bajas, mientras se forman nuevas burbujas.

El banco central de Alemania ha dicho que la única forma de pagar la deuda pública es mediante un impuesto, de una vez, sobre la riqueza de particulares y grandes empresas; esto fue también lo que dijeron en Estados Unidos algunos multimillonarios como Warren Buffet, y se consideró como una excentricidad. Los argumentos de que puede dar lugar a una huida de capitales tienen cada vez menos fuerza; primero, porque buena parte de ellos no son productivos, y también porque cada vez quedan menos espacios fiscales para la evasión. Ante la inutilidad demostrada por las políticas de austeridad, un esfuerzo coordinado en este sentido dentro de la Unión Europea, podría ser un alivio para nuestro problema de la deuda.

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