Fragmentos

Juan Ruesga Navarro

t iendas y peatones

EN Sevilla las calles peatonales han sido desde siempre comerciales. Sierpes, Cerrajería, Sagasta, Francos, Álvarez Quintero, Chicarreros, Chapineros, Córdoba, Lineros, Puente y Pellón, Regina. Y semanalmente se cerraba al tráfico la calle Feria desde San Juan de la Palma hasta la Cruz Verde, para montar el Jueves. Y eso era así desde hacía años, a veces demasiados años. Pero para la imaginación y curiosidad de un niño eran maravillosos universos de escaparates. Opulentos y alimenticios como los de Casa Marciano, de los que todavía recuerdo los enormes tarros de cristal, con aceitunas rellenas de almendra, dispuestas en abanicos preciosos por manos hábiles. Los recorridos entre estantes y mesas llenas de prendas, de Los Caminos y Las Siete Puertas. Recuerdo cuando abrieron Pleximar en la calle Chicarreros. Allí todo era nuevo, reluciente, ¡de plástico! Siempre me agradó acompañar a mi madre a algunas de estas tiendas. Por ejemplo, a Macarro en Francos, y ver los rasos y los encajes extendidos encima de los mostradores. ¡Qué colorido y qué sutileza!

Por eso me da alegría ver cómo otras calles de Sevilla, al convertirse en peatonales, recuperan su mejor esencia comercial, de concurrencia y paseo de los vecinos. Estoy pensando en Asunción en Los Remedios y San Jacinto en Triana, de las que estamos disfrutando de su mejor versión. Hace unos días un comerciante de San Jacinto comentaba en estas páginas que ellos abrían también los domingos, porque les estaba dando muy buen resultado. "Los vecinos nos pidieron que abriéramos los domingos y podemos decir que, en invierno, es el mejor día de ventas de la semana". El tramo peatonal de San Jacinto es un ir y venir de paseantes. Con veladores, con tiendas abiertas. También es un lugar de familia y de amigos. Los bares ayudan a las tiendas y las tiendas ayudan a los bares. Y el fenómeno se extiende hasta el Mercado de Triana y sus calles adyacentes, donde coexisten nuevos negocios, con los puestos de toda la vida.

Todo esto no es nada nuevo. Se repite una y otra vez. Siempre sucede así al hacer peatonal algunas calles centrales de barrios y ciudades. Aunque también forma parte de la tradición de estos procesos la reticencia inicial de algunos vecinos y comerciantes. Pero son muchos los beneficios si el proceso culmina. Para el comercio, porque mejoran las ventas. Para los propietarios de los inmuebles (todavía no conozco ninguna zona peatonal donde hayan bajado los precios de los locales). Y también es beneficioso para los vecinos, porque aparecen nuevos lugares de encuentro o se recuperan algunos perdidos, que estaban ocupados por los coches.

Mucho se ha escrito y opinado sobre la peatonalización de la Plaza del Pan y la Alfalfa. Pero es evidente que sin coches están mejor. Y si alguno de ustedes se acuerda de Tetuán y Velázquez con coches y autobuses, ya me dirán. Ahora, desde la Campana hasta la Plaza Nueva es un ir y venir de personas, de tiendas en las calles centrales, de veladores y bares en las calles laterales a derecha e izquierda. ¿Y por qué? Porque a las tiendas se va andando.

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