La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

La indiferencia mata en vida

Se encuentra en su piso a una anciana fallecida hace 15 años. Hay algo peor que la soledad: la indiferencia

Vuelve a encontrarse en su domicilio el cuerpo de una persona que lleva muchos años muerta sin que nadie la hubiera echado de menos. En este caso se trata de una mujer fallecida hace 15 años. Su cuerpo ha sido encontrado después que un familiar dijera a la Policía que la echaba en falta. Debía visitarla o llamarla muy de tarde en tarde, digo yo. Al parecer, lo vecinos habían avisado varias veces a la Policía sin que les hicieran caso. Por lo menos, alguien se había extrañado de no cruzarse con ella por el vestíbulo .

Me pregunto si esto ha pasado siempre. Allí donde he vivido -ya sea en las tangerinas calles Vermeer y Quevedo o en las sevillanas de Regina, Nervión y Santa Cruz- sabían los unos de los otros y se interesaban los unos por los otros. En Tánger era vecina nuestra una señora mayor, madre de un compañero de mi padre en el diario España, José Luis Moreno, un exiliado que había sido redactor de El Sol, que al igual que todos los que trabajaron a destajo en aquel tan gran periódico como discreto pagador, tenía que echar muchas horas fuera de su casa, por lo que le hacíamos diarias visitas para ver qué necesitaba. En el micro universo del ensanche de Regina y la Encarnación estaban todos al tanto de todo lo de todos. Y Aurelia, la portera, daba las noticias con la puntualidad del parte. Un poco cosas de la vieja del visillo, sí; pero también un interés, un saber y un ayudar. En los pisos de Nervión, donde los vecinos eran también colegas, nadie necesitaba algo que se supiera.

En cualquiera de estos escenarios era difícil, si no imposible, que alguien se muriera solo en su casa sin que nadie le echara en falta. Y menos durante 15 años. El pasado mes de abril, también en Madrid, apareció muerta una anciana que había fallecido hacía cinco años. Un mes después, siempre en Madrid, se halló el cuerpo de un anciano fallecido hacía muchos meses. En años anteriores en varias ciudades españolas, entre ellas Sevilla, han aparecido otros cadáveres momificados de ancianos que murieron sin que nadie les echara de menos. ¿Un mal de los tiempos? ¿Un síntoma de la indiferencia y soledad propias de las grandes ciudades? Dos millones de mayores de 65 años y 850.000 mayores de 80 viven solos. Y en muchos casos ignorados por sus vecinos. "El peor pecado hacia nuestros semejantes no es odiarlos, sino tratarlos con indiferencia: esa es la esencia de la inhumanidad", escribió Bernard Shaw.

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