La esquina

josé / aguilar

La investidura demorada

SIN novedad, señora baronesa. La misma situación, los mismos protagonistas en el mismo escenario dieron idéntico resultado: 47 votos a favor de investir a Susana Díaz como presidenta de la Junta y 62 en contra. La segunda votación en el Parlamento fue un calco de la primera, pero sin debate. Y con convocatoria para una tercera, seguramente reiterativa. Será en la matinal del jueves próximo.

La investidura se demora porque ninguno de los cinco partidos involucrados quiere mover ficha antes de las elecciones municipales (y autonómicas no andaluzas) de dentro de quince días. Y viceversa, el conflicto de la investidura pasa a ser elemento esencial de la campaña para los ayuntamientos, cuyo contenido se desplazará en buena parte desde los problemas locales al problema institucional de Andalucía. Ya se encargarán los líderes nacionales y regionales de evidenciarlo en cada una de sus intervenciones.

A la lucha de todos contra todos por conseguir más alcaldes y más concejales se sumará así el combate, de cuatro contra uno, por arrojarse la responsabilidad en el tremendo lío de la investidura. Los argumentos ya están escritos y dichos, se trata únicamente de reiterarlos hasta la extenuación -de los electores- con escasas variantes y creciente agresividad. No hay fórmula más segura para elevar una tensión que pasearla durante una campaña electoral.

Susana lo tiene claro: toda la culpa es de quienes no dejan gobernar a la minoría mayoritaria, que es la suya, y tampoco son capaces de ponerse de acuerdo para construir una mayoría alternativa, y especialmente del PP, llamado a actuar con más sentido de Estado y seriedad institucional que sus tres colegas de oposición. Pero PP, Podemos, Ciudadanos e IU tampoco le van a la zaga en claridad: no hay más responsable de la parálisis que la propia presidenta en funciones y en expectativa, porque fue ella la que interrumpió sin motivos la legislatura anterior y convocó elecciones anticipadas pese a que dirigía un gobierno estable y sin apenas sobresaltos y disponía de un presupuesto aprobado para todo este año. Por puro partidismo, dicen unos y otros, sin ver la viga en sus ojos, un suceso que no es frecuente entre nuestros políticos.

Quien disfrute de mayor credibilidad en este "una contra cuatro" convencerá a los votantes, y esa convicción será un factor más ante las urnas del 24-M.

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