La ventana

Luis Carlos Peris

La lluvia en Sevilla se hace ilidiable

ESCENARIO idóneo para la tristeza, luz adecuada para la mohína, que parece que se fue al olvido la luminosidad del otoño de los días soleados. El puente del Pilar arranca bajo la amenaza cierta de esa lluvia que en Sevilla es una maravilla siempre y cuando no haya que adentrarse por la inmensa zona lacustre que es el centro. Si el otro día nombrábamos al bache como rey de la ciudad, la lluvia nos trae el reencuentro con unas inmensas superficies estancas que se convierten en lagos de considerables dimensiones. El inopinado chaparrón del jueves noche demostró de forma palmaria que de la Campana al Ayuntamiento no hay forma de eludir charcos con forma de embalses de sorprendentes dimensiones. Pero íbamos a lo de esa luz de otoño que la lluvia tamiza y que provoca la desazón por la luminosidad perdida de las atardecidas inigualables de este tiempo.

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