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Gafas de cerca

José Ignacio Rufino

jirufino@grupojoly.com

Las mamis del cole

Siguen siendo muchas más las mujeres que los hombres que llevan a sus hijos al colegio

Tengo la suerte de vivir rodeado de guarderías y colegios, y junto a un estadio de fútbol. Es cierto que los días de partido, para mí en general gloriosos en las previas, también suceden los abusos consuetudinarios de quienes, beodos y sin urinarios, hacen botellón desde varias horas antes del pitido inicial. Pero ése es otro cantar, el cantar de los derechos inalienables que no llevan parejos los correlativos deberes sociales, incluido el de emborracharse en la calle. A lo que vamos, los días en los que no hay fútbol, un estadio es un inmenso pulmón de silencio y tranquilidad. Igual sucede con los colegios, que traen alegría por las mañanas y dejan paz por la tarde. Los coles también aportan al barrio esos aparcamientos exprés tan Made in Spain -o sea, donde le sale al conductor del alma- y las urgencias de madres que van ya tarde a trabajar porque descargan a ultimísima hora (la vida es eterna en cinco minutos, recuérdalo Amanda… o Chari o Rocío) y también -lo cual raya la categoría Morro Premium- las que tienen buena asistencia doméstica y todo lo más van a desayunar y charlar y quizá a una sesión de pilates a media mañana: olé ellas y su suerte.

¿Se ha mesado usted ya, señora o señor, los cabellos ante mi flagrante machismo? ¿Se pregunta, indignada/o, cómo he osado a atribuir a las mujeres la tarea de llevar a los hijos al colegio? Si es así, continúe un poco más sin descerrajarle al empleado de cafetería un "¿pero quién es el heteropatriarca este de las gafas, Pineda?". Lo justificaré: aficionado que es uno a apreciar la especial inocencia, ilusión o berrinche de los críos y crías -nótese lo inclusivo- en esos primeros días, e incluso aficionado también a apreciar la belleza de sus madres, en esa plenitud que otorga la edad de crianza, puedo constatar y constato que son de género femenino la inmensa mayoría de quienes llevan de la manita a sus pollos (permitan que en este último sustantivo no sea tan inclusivo). Siento no poder arrancarme por Presuntos Implicados y su Cómo hemos cambiado. No hemos cambiado tanto. Sí, hombre, sí, usted si lleva o llevó a Carlete, a Paulita o a Jimena. Y yo. Pero les invito a hacer una indagación empírica en el colegio más cercano a su domicilio: cuente. Casi que doy gracias al cielo por no tener más espacio aquí para abundar en el asunto y explorar sus causas y plantearlas como hipótesis. Otro día con más arrojo y más líneas. Firmado: una excepción, o sea, un padre que siempre llevó a sus hijas al colegio mientras hubo necesidad. Un paraíso de la memoria, por otra parte.

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