La ventana

Luis Carlos Peris

Los monumentos y la parábola de las cerezas

ESTO de los monumentos a artistas ilustres de la sevillanía andante es como lo del cesto de las cerezas, que coges una y se te viene engarzado un buen manojo. Quiere decirse que en el corazón de la fiebre monumental que nos invade a todos en general y muy particularmente a la Sevilla más castiza, resulta que en cuanto se erige uno sale a relucir el agravio comparativo con la pregunta ¿por qué Fulano sí y Mengano no? Y allá que se va a la caza y captura de la fuente que patrocine económicamente el monumento a Mengano. Otra pregunta es ¿por qué a Fulano lo han puesto en el Paseo de Colón y a Mengano no? Todos los toreros son propugnados para ubicar su estatua lo más cerca posible de la Puerta del Príncipe y se tiene a menos alejarla de allí. En unos días, Chicuelo será perpetuado en su Alameda aunque los suyos preferían la cercanía maestrante. La pregunta ahora es para cuándo el de Pepín, ¿y el del Gallo?

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