¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
Hotel España
¿QUÉ música y cuánta música es la apropiada para un pregón? ¿Por qué siempre ha de sonar una misma marcha en los pregones?
Mantener las tradiciones es bueno, pero si estas tradiciones son demasiado austeras pueden llevarnos a la monotonía. Por el contrario, el exceso de ideas puede conducirnos a un defecto de incoherencia por aumentación. Por tanto, siendo prudentes, buscar el equilibrio entre tradición y avance podría ser la justa medida.
En aquellos pregones en los que se interpretan el Himno Nacional y el Autonómico éstas podrían ser las composiciones inamovibles e instauradas para toda la vida. Otro debate, para otro artículo, sería el de si en un acto religioso deben o no sonar los himnos de un país que se considera aconfesional.
Hay quienes disfrutan todos los años oyendo en el Concierto de Año Nuevo de Viena la Marcha Radetzky, Op. 228 de Johann Strauss Vater. De la misma manera hay quienes disfrutan todos los años oyendo Amarguras de Manuel Font de Anta en el Pregón de la Semana Santa de Sevilla. La diferencia entre ambos actos es que en nuestro Pregón ya tenemos como fijas las interpretaciones de los himnos, que ya son dos composiciones.
Por otro lado, las marchas que se utilicen en el Pregón deberían tener siempre mucha calidad. Hay quienes se dejan llevar por otros criterios y utilizando obras mediocres despilfarran estos minutos.
Los músicos, periodistas y políticos, por nuestro trabajo, oímos muchos pregones. Todos los años disfrutamos de alguno realmente bueno... Ser pregonero tiene un mérito inimaginable. Con tan sólo la palabra y, después de tantos pregones, es difícil para un pregonero deleitarnos con algo diferente y entretenido. Y es que con tanta austeridad de medios les proponemos una tarea casi imposible.
No sería imprudente que la palabra pudiera ser apoyada con algunos otros recursos, que pueden ser musicales o de otra naturaleza.
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