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Sin noticias... desde el Consejo

La reunión del presidente y los consejeros de la Junta pospone una semana el debate y el plan de medidas concretas sobre el desempleo

CON motivo del próximo 28 de Febrero, Día de Andalucía, el presidente de la Junta, José Antonio Griñán, debería otorgarle un premio a la constancia -no confundir con un sobresueldo, por favor- a su portavoz, el periodista Miguel Ángel Vázquez. Ayer, pasó algo más de media hora ante los periodistas para informar de un Consejo de Gobierno cuya única conclusión es que ha decidido posponer una semana su sesión monográfica sobre el desempleo en Andalucía; una semana más para estudiar qué medidas concretas habría que aplicar de modo inmediato sobre una comunidad que cuenta con 1.102.398 personas apuntadas en las oficinas de desempleo y una tasa que supera el 35%.

Bueno, para ser exactos, en el Consejo se aprobaron otras tres medidas: "darse por enterado" de unas obras de emergencia por valor de 1,5 millones de euros en carreteras de Málaga y Sevilla; la protección del monasterio de San José del Cuervo, en Medina, y ceder al Ayuntamiento de El Burgo el uso de un local. El público congregado ante el Palacio de San Telmo -básicamente, los compradores de unas VPO de la Confederación de Empresarios que no saben nada de sus viviendas y un tipo que duerme en un trineo con sus perros por no sé qué problemas en Sierra Nevada- daba vítores de alegría.

Y Vázquez, otra vez solo ante el peligro, se viene enfrentando en demasiadas ocasiones ya a la rueda de periodistas, que prolongamos esta sesión a la espera de que anuncie alguna medida de calado o que, en el peor de sus casos, se extralimite en sus declaraciones ante el fuego cruzado de preguntas. Pero nada. Un día más, ningún consejero de la Junta bajó después del Consejo de Gobierno a la rueda de prensa. Sólo el portavoz de un Ejecutivo de coalición al que le va bien su estrategia de resistencia, pero cuya gestión se vienen limitando en exceso a hacer frente a las medidas de Madrid y a enviar al Tribunal Constitucional decenas de recursos contra leyes o decretos de corte antisocial, de ésos que impone el objetivo de déficit.

El vicepresidente del Gobierno, Diego Valderas, de IU, se saltó la semana pasada los protocolos del Palacio de San Telmo, y anunció por su cuenta que había solicitado a Griñán una sesión monográfica sobre el desempleo que finalizase con medidas concretas. Bueno, pues sí, ayer se habló sobre el paro en la reunión, pero las medidas esperarán una semana. Sólo los ingenuos desconocen que la capacidad de un Gobierno autonómico, encorsetado por el déficit, es muy baja para luchar contra el desempleo, si bien es cierto que el diferencial de paro de Andalucía respecto a otras comunidades debería de dar para algo más que unas jornadas de reflexión. Si de lo que se trata -y es de lo que, de verdad, se trata- es de abordar el nacimiento de un enmallado que nutra el deshilachado tejido económico andaluz, las acciones deben ser pensadas, pero llevarán su tiempo, no se trata de una sola legislatura.

El Gobierno de la Junta paró, como pudo, la sangría de empleo en el sector público, básicamente en educación y en sanidad; consiguió una buena negociación con el Gobierno de Madrid para elevar el techo de la deuda, pero su acción no se puede limitar sólo a esto. No es que los consejeros no tengan actividad, sino que el Ejecutivo andaluz parece, a veces, dormido en un bosque de laureles donde el PP se desploma asediado por las políticas de Mariano Rajoy y por los estallidos de su ex tesorero Luis Bárcenas.

Si hay que activar el plan de choque contra el paro -está en el Presupuesto de 2013- que se haga ya, y si ello no basta, el Gobierno debería de dejar de hablar con tanta locuacidad de planes, mesas y pactos. El Pacto por Andalucía, que de momento sólo encuentra el entusiasmo en los despachos del Palacio de San Telmo, no basta para ocupar tantos vacíos. Son tiempos muy duros, gobernar sin dinero es difícil, pero el Gobierno andaluz no puede seguir esta dinámica de dejar que el contrincante le vaya marcando, por oposición, sus propias políticas.

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