La oración de la Amargura

Dice la Amargura: Dios de Israel, has hecho lo posible para que no crea en Ti. Pero siempre creeré en Ti, a pesar de Ti

20 de noviembre 2022 - 01:47

Un judío piadoso, cuya familia había sido asesinada por los nazis, escribió poco antes de que a él también lo asesinaran: "Muero sereno, pero no contento; golpeado, pero no desesperado; como un creyente, pero no como un orante; como un enamorado de Dios, pero no como un ciego que se conforma. Le he seguido siempre, incluso cuando Él me ha apartado de su lado. He cumplido sus mandamientos, incluso cuando me ha recompensado golpeándome". Buscando las palabras para una última oración que en este trance le era difícil, si no imposible, encontrar, recordó la historia que contaba el rabino de su sinagoga. Huyendo de la Inquisición con su mujer y su hijo un judío se echó a la mar en una barquichuela. Estalló una tormenta. Un rayo mató a su mujer. Una ola le arrancó al niño de sus brazos. Solo, aterrorizado, agotado y con el corazón roto alzó las manos a Dios, diciéndole: "Dios de Israel, has hecho todo lo posible para que no crea en Ti. Si has pensado que podías apartarme de tu camino, entonces yo te digo a Ti, mi Dios y Dios de mis padres: ¡no lo conseguirás! Puedes golpearme y arrebatarme lo más querido que tengo en este mundo. Puedes afligirme y atormentarme hasta la muerte. Yo siempre creeré en Ti, a pesar de Ti. Yo siempre te querré, a pesar de Ti mismo. Has hecho todo lo posible para que no crea en Ti. Yo, sin embargo, muero como he vivido, con una fe, firme cual roca, en Ti".

Esta es la oración que reza la Amargura, hoy en besamanos. La oración de Job, de Noemí y del Libro de las Lamentaciones: "¿A quién te compararé, hija de Jerusalén? ¿Quién te podrá salvar y consolar, hija de Sion? Grande como el mar es tu quebranto: ¿quién te podrá curar?". La oración desesperada de quienes se aferran a Dios contra toda esperanza, contra toda prueba, contra toda razón, confiados en quien no ha cumplido sus promesas, fieles a quien les ha abandonado, queriéndolo cuando ha permitido que les arrebataran lo que más querían, creyendo cuando todo les obligaba a no creer.

Diría más: la Amargura es esta oración esculpida. Por eso su foto definitiva, la que más fielmente hace justicia a la grandeza que la hace incomparable, única Virgen de Sevilla, junto a la Macarena, que tiene su advocación esculpida en su rostro, es la del cajón, cuando solo la vestía su dolor y solo la coronaba su fe inquebrantable brotando contra toda evidencia y toda realidad de su corazón destrozado.

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