La ventana

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

La pandemia derrota a la almohadilla

Indudablemente, la felicidad nunca es completa; bueno, dejémoslo en casi nunca y que no nos llamen negativos. Pero resulta que en estas tardes de gozo en que se abre la plaza de toros más bella del mundo, la dicha no es total. La plaza más bella del mundo tampoco es perfecta y entre sus defectos se halla el de la incomodidad. No sólo por esa estrechez que ahora se palia con el aforo restringido, que vaya cómo alivia, sino por la dureza del ladrillaje y que deja las posaderas rozando la tumefacción. Pues confiado de mí, me presenté el primer día como si no hubiera pasado nada, libre de manos y presto al alquiler de la almohadilla para hacer más confortables las casi tres horas que dura hogaño cualquier festejo. Triste de mí cuando me encontré que entre las prohibiciones que conlleva la pandemia se ha incluido la prohibición de expender el benefactor artilugio. Un horror.

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