Tribuna Económica

Rogelio / Velasco

El panorama de color rosa independentista

17 de septiembre 2014 - 01:00

TODOS los movimientos nacionalistas que buscan la independencia dibujan un futuro de color rosa. El autogobierno permitirá una mayor proximidad a los ciudadanos y mejores políticas para resolver sus problemas, en el ámbito microeconómico.

En el ámbito macro, son recurrentes las críticas desde el nacionalismo por los recursos que supuestamente otros territorios les extraen. La independencia detendría ese drenaje y se disfrutaría de un mayor bienestar.

Con independencia de la veracidad de esos argumentos, hay una segunda derivada que es sistemáticamente optimista y es la condición "todo lo demás permanece igual". En particular, en el caso de Escocia, los defensores de la separación suponen que todas las cuestiones económicas que les puedan afectar, van a permanecer igual que antes de la independencia. Esta posición desvela optimismo exagerado, pero también engaño a los ciudadanos para que estos no valoren los efectos negativos del proceso final.

Desde el partido nacionalista escocés, se está vendiendo a los votantes que Escocia seguiría con la libra esterlina como moneda, que compartiría con el resto del Reino Unido. La experiencia de la Eurozona nos indica que dos condiciones tienen que darse para que el proceso tenga éxito. En primer lugar, hay que establecer una unión bancaria con supervisión común, acceso a la liquidez del banco central y mecanismos para solventar los problemas de bancos en dificultades. En segundo lugar, es necesario disponer de recursos fiscales compartidos porque, en última instancia, son los Estados que ponen a disposición los recursos los que tendrían que enfrentarse a problemas de crisis bancarias.

La primera condición es necesaria para garantizar los depósitos en los bancos. La segunda lo es para solucionar los problemas fiscales de un país con los recursos de todos. Adicionalmente, como la Eurozona demuestra, un banco central que es responsable ante muchos gobiernos, lo es finalmente ante ninguno.

Este entramado institucional significaría que la mayoría de los recursos los aportaría el Reino Unido, mientras que Escocia sólo aportaría el 10% de los mismos, su peso en el PIB británico ¿Aceptarían los ciudadanos británicos este encaje? Más que dudoso, teniendo en cuenta la desproporción de recursos que aportarían a la unión monetaria, los grandes beneficios que obtendrían los escoceses, frente a los muy pequeños del resto.

Sólo con la imposición de grandes restricciones fiscales a Escocia, mientras que el Reino Unido continuaría con un gran margen de libertad, sería aceptable un acuerdo que permitiera a Escocia mantener la libra. La libra podría continuar como moneda en Escocia, pero sin esperar mecanismos de rescate o ayuda en caso de problemas bancarios o fiscales.

Ahora que está llegando la hora de la verdad, las empresas empiezan a manifestarse con claridad. Tanto el Royal Bank of Scotland como el Lloyds Bank -ambos de Edimburgo- ya han advertido que si el resultado del referéndum es positivo, moverán sus sedes a Londres.

Los independentistas deberían conocer con claridad estas consecuencias, aunque tampoco esto garantizaría un voto informado y racional. Como Eric Hobsbawm nos enseñó, los pueblos son responsables de sus propios errores históricos

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