tiempos modernos

Bernardo Díaz Nosty

El pavo de Montoro

HAY alegría en la granja. La prima de riesgo del pavo ha caído al mínimo histórico de la Navidad española. Por el contrario, el pollo afronta el final de año como la carne de cañón de la crisis. Sin paga, no hay pavo. Como decía un catalán abstinente de cava y pularda: "¡Vayamos al rescate de la sidra-champán!". Hasta los Reyes se resentirán en una cuesta de enero que extenderá su pendiente a lo largo de todo el año.

Está claro que este Gobierno comunica mal o, como hace su presidente, no comunica. Es dramático ver a Rajoy desbordado y perdido en sus silencios. Hay en ello algo patológico. Impotencia comunicativa, mutis por el foro, salida por la puerta trasera... Nanni Moretti, en su film Habemus Papam, nos muestra un bondadoso cardenal, Michel Piccoli, elegido pontífice de Roma. En un ataque de pánico, el santo varón es incapaz de asomarse a la Piazza San Pietro... Los portavoces del Vaticano mienten y hacen juegos malabares para evitar la catástrofe.

En nuestra película, Montoro pone voz a las noches de naufragio, pero chirría y no mejora el desaliño que conocimos en su etapa de opositor. El artífice de la amnistía fiscal y de otros ingenios recaudatorios anticipa el fracaso de sus medidas con un "no hay dinero, señorías", y pone diana en las nóminas de los funcionarios, el enemigo a batir. Ni paga extra, ni paga… Casi nadie duda de la necesidad del sacrificio de todos, incluidos los patriotas con vocación de suizos, pero resulta irritante y desalentador el corte de manga simbólico a la ciudadanía que, mediante los silencios y las verdades a medias, eleva el feo gesto de Andrea Fabra a expresión de la política comunicativa del Gobierno.

Las manifestaciones de ayer tarde no son, como dicen las mentiras insostenibles, obra del disminuido Rubalcaba. ¿Quién puede ya engañar a la gente que decide dar señales de su soberanía? Si hay que pedir sacrificios y transmitir confianza internacional, que el señor Rajoy salga un día sí y otro también a la palestra. Sus silencios elevan el riesgo de España en Europa, ya que la hacen vasalla resignada de una derrota evitable, e inmovilizan la fuerza de un país que puede salir adelante con una estrategia distinta a la del miedo y la callada por respuesta.

No sé si Montoro llegará a comer el pavo de Navidad. Pero no por ello se despreocupen las gallináceas. Aunque las expectativas del pavo son mejores que las del ministro, nadie garantiza alegrías eternas. El infortunio propio activa oportunidades ajenas. Se dice que en Alemania, cuando Merkel celebre el nacimiento de Cristo, habrá en las mesas de sus compatriotas mucho pavo español convertido en Christpute. "Danke Montoro!".

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios