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La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

El pavo 'Al Mutámid'

Le ha tocado al pavo real del Alcázar, por muy pavo y muy real que sea, pagar el pato

Los pavos reales están presentes en el Alcázar desde los tiempos de Pedro I. Mudos, eso sí, porque se trata de los que decoran el arco que da paso al Salón de Embajadores, por ello conocido como el Arco de los Pavones. Es de suponer que, como emblema cargado de simbología que lo liga desde la antigüedad clásica -lo trajo Alejandro Magno de la India y era el ave de Hera, la esposa de Zeus- a la belleza, la sabiduría y la inmortalidad, por lo que posteriormente fue uno de los símbolos cristianos de la resurrección y del bautismo como nuevo nacimiento, los pavos de carne, hueso y plumas deslumbrantes se pasearon por el alcázar árabe y por el de los reyes cristianos.

Y allí siguen, todos menos uno, desplegando su espectacular belleza que lo mismo evoca lo exótico oriental que las decoraciones modernistas o las apoteosis de la revistas de Ziegfeld. Cuando los sevillanos podíamos ir al Alcázar, hasta que la marea turística lo hizo imposible (¿no podían habilitar una entrada por el Patio de Banderas para los nativos?), he oído muchas veces los raros sonidos, agudos unos, graves otros, y ese extraño y fascinante lamento que parece evocar el grito de un niño y llena de lánguida melancolía los jardines.

He dicho que allí siguen todos menos uno porque un pavo real díscolo al que le daba por pasar la noche en un torreón que daba al barrio de Santa Cruz molestaba con sus gracias canoras a un vecino. Intentaron convencerlo (al pavo, no al vecino) de que se buscara otro sitio para hacerlas pero el ave, por lo visto, tenía querencia por el torreón. Y ha sido desahuciado, es decir, retirado del Alcázar por el Zoosanitario para ser dado en adopción. Por lo primero es el pavo Al Mutámid expulsado del Alcázar por el guerrero vecino al que molestaba. Por lo segundo es el pavo Oliver Twist dado en adopción por el señor Bumble del orfanato.

Hay gente pa tó, como es sabido que exclamó Rafael el Gallo cuando le presentaron a Ortega y Gasset y le dijeron que era filósofo. Hay a quien le molestan las campanas y a quien le molesta el pavo real del Alcázar. Los vecinos que lo disfrutaban, acostumbrados a su presencia y sus sonidos, lo echan de menos. Que se fastidien. Mira que hay ruidos en el barrio de Santa Cruz, en particular, y en Sevilla, en general. Mira que la rugiente marabunta turística suma decibelios. Pues le ha tocado al pavo real del Alcázar, por muy pavo y muy real que sea, pagar el pato.

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