La esquina

josé / aguilar

La peor hora del bipartidismo

LA primera lectura de las elecciones al Parlamento Europeo del próximo mayo ya está hecha cuando aún faltan tres meses para que se celebren. En España, me refiero. Puede ganarlas el PP o puede ganarles el PSOE -y cada uno de ellos sacará, en su caso, conclusiones exageradamente optimistas de la victoria-, pero lo seguro es que los analistas, casi sin excepción, las interpretarán como una severa derrota del bipartidismo imperante. Un nuevo retroceso.

La ocasión es de lo más propicia para esta interpretación desencantada y crítica. Por un lado, son las elecciones que menos interesan a los ciudadanos, lo cual constituye un poderoso incentivo para la abstención. Sobre todo, para la abstención de los votantes menos ideologizados, que son la mayoría de que se nutren en las urnas los dos grandes partidos. Por el contrario, las minorías digamos concienciadas se movilizan sin titubeos, dispuestas a respaldar a los suyos y/o castigar a los enemigos en cualquier oportunidad.

Son también las elecciones cuyos resultados menos influyen en la vida cotidiana de los electores. La gente, al menos, las ve así: lo que ocurra con mi vida, mi trabajo o mis problemas tendrá mucho más que ver con quién sea mi alcalde, diputado o presidente de gobierno que quien me represente en Bruselas y Estrasburgo. Al considerarse secundarios, son comicios que favorecen el desahogo, el exabrupto, el corte de mangas, la irresponsabilidad y la extravagancia. Una buena ocasión más para darle un cosqui a los convencionales PSOE y PP. Los partidos del orden establecido.

Así pues, las elecciones europeas son las preferidas por los españoles para expresar su desafección hacia la política nacional, que identifican con los partidos mayoritarios. Las de mayo seguramente refrendarán lo que los barómetros de opinión, tanto el del CIS como los particulares, vienen anunciando con reiteración: descrédito de los políticos en general, valoraciones bajísimas de todos ellos -suspenso universal- y afianzamiento de las minorías que aparentemente ofrecen otras formas de hacer política (y que no han pasado por la prueba de la verdad de gobernar). Que la circunscripción electoral sea única para toda España termina por facilitar que salga una representación muy variada y ajena al bipartidismo.

Es probable que entre PP y PSOE no saquen más de la mitad de los votos. No se equivoquen: no significa el fin del bipartidismo. Son elecciones europeas, y nada más.

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