un sevillano en texas

Eugenio Cazorla Bermúdez

'E pluribus unum'

Comunidades autónomas y federalismo. ¿Saben los socialistas que los estados en USA están supeditados al poderoso Gobierno central? El autor reflexiona sobre el Estado federal.

EL Partido Socialista lleva algún tiempo insistiendo en hacer de España un Estado federal como panacea para todos los males de la patria. Después de leer varios textos sobre las diferencias entre un régimen de comunidades autónomas y el federalismo veo que salvo el hecho de que en el último los estados federados tienen su propia Constitución la verdad es que en definitiva nos encontramos con los mismos perros con diferentes collares.

Los socialistas, aunque aparentan ser mediadores entre las aspiraciones independentistas catalanas y el régimen actual, lo que quieren es desproveer al Gobierno central de todo poder y transferirlo a los futuros "estados".

Los socialistas, cuando cantan las excelencias del sistema federal, recuerdan con nostalgia la república federal de Castelar en el siglo XIX y las intentonas de Maciá y Companys en el XX. Y mencionan dos países donde este sistema impera: la República Federal Alemana y los Estados Unidos de América. Yo no sé mucho de Alemania, pero conozco muy bien los Estados Unidos, donde llevo viviendo desde hace más de cincuenta años.

Cuando las trece colonias americanas se declararon independientes se organizaron a sí mismas creando un documento constitucional que llamaron Articles of Confederation o Preceptos de la Confederación (1781). Para entonces las colonias se hallaban en guerra con la metrópoli, Inglaterra. A poco de confeccionarse se descubrió que este documento no era viable. Las colonias tenían demasiado poder y el gobierno central demasiado poco. Las colonias ganaron la guerra, no obstante, pero los padres de la patria decidieron reemplazar el documento, lo que hicieron en 1787 creando la constitución actual que con sus XXVII ajustes (amendments) subsiste hasta nuestros días.

Las colonias vinieron en llamarse "estados" (algunas sin embargo conservaron el colonial Commonwealth) y cada uno de ellos crearon su propia constitución. Pero resulta que los únicos que conocen estas constituciones son los que viven de la política estatal y algún que otro especialista. Lo que los niños aprenden en la escuela es la constitución de los Estados Unidos, no la constitución de los estados donde viven. Todas las mañanas, antes de comenzar las clases juran lealtad a la bandera de los EEUU y a One Nation Indivisible, lo que no necesita traducción. No, esto de la unidad e integridad del país no lo inventaron los fachas. El artículo VI de la Constitución de los Estados Unidos declara que la Constitución es la Ley suprema del país y por su parte la Constitución de Texas en su artículo 1 establece que "Texas es un estado libre e independiente sólo sometido a la Constitución de los Estados Unidos". Y todos los estados de la Unión así como los que adoptaron el nombre de Commonwealth (Kentucky, Massachusetts, Pennsylvania y Virginia) obligan a los legisladores de su asambleas así como a todos los servidores públicos a jurar lealtad a la Constitución de los EEUU antes que a la de sus respectivos estados o Commonwealth.

El anverso del emblema de los Estados Unidos (Great Seal), que figura por cierto en los billetes de banco de un dólar y con el que se sellan, en seco, documentos de alta importancia tales como tratados, representa juntamente con varios símbolos (un águila, trece varas de olivo, etcétera) una divisa en latín que reza e pluribus unum, o sea, "de muchos, uno" confirmando así la declaración de unidad de la patria que hacen los escolares todas las mañanas.

Esta supremacía del poder central sobre los estados es lo que ha dado a los Estados Unidos su fuerza, estabilidad y progreso. El respeto de dicho poder central a las libertades estatales ha producido un equilibrio que a su vez fomenta un sentimiento de solidaridad sobre egoísmos regionales. El estado de Nueva York manda a Washington muchísimos más dólares en impuestos federales que Alabama, un estado pobre que usa tales dólares neoyorquinos no sólo para reparar su infraestructuras sino para implementar medidas antiliberales que no son del agrado de los que en Nueva York las pagan con sus impuestos. Sin embargo, Nueva York no protesta. Aquí en Texas tenemos una ley, relativamente reciente, que popularmente se la llama como "La ley de Robin Hood". El ficticio Robin Hood en la Inglaterra del siglo XVII fue nuestro histórico Diego Corrientes del XVIII, a cuya cabeza puso precio Carlos III. Ambos robaban a los ricos para socorrer a los pobres. Pues bien, según dicha ley, parte del producto de los impuestos locales destinados a sostener a los distritos escolares de las zonas residenciales ricas tienen que ser enviados a los distritos escolares pobres, pues de otro modo los raquíticos impuestos generados por tales distritos pobres no serían suficientes para impartir una enseñanza decente. Hubo protestas, incluso litigios, pero al final se impuso el sentido común. ¿Cómo se llama esto? Se llama solidaridad.

¿Saben los socialistas esto? ¿Saben los políticos separatistas que los estados en USA están supeditados al poderoso Gobierno central? No lo creo. Y si lo saben harán caso omiso de ello y, si se hace el cambio, continuaremos con el presente régimen de reinos de taifas hasta llegar a un nuevo cantón de Cartagena. En vez de e pluribus unum tendríamos un e pluribus pluribus, o sea, un caos.

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