PASA LA VIDA

Juan Luis / Pavón

Menos polvo y más planes

CON mucho turismo en el centro de la ciudad ayer y hoy, a lo mejor resulta más fácil para las fuerzas vivas de la política y la economía sevillana pensar en la Feria 2013 desde el punto de vista socioeconómico y turístico. Y también en la Semana Santa 2013. Sin desnaturalizar la personalidad, antagónica, de cada una de las dos fiestas, y el respeto a sus valores, hay mucho margen de maniobra para aguzar el ingenio y reactivar el atractivo de la ciudad, que lleva demasiados años a rebufo de la inercia. Y con inercias no se compite en una etapa nueva, completamente distinta a la de hace diez años, y que no es una coyuntura pasajera. Si malo es no hacer nada, peor es instalarse en la cantinela de la resignación, en regodearse con la crisis y en estrujarse los sesos solamente para aventar ocurrencias y chisgarabís sobre la falta de dinero y sobre lo tieso que está el paisanaje.

El año que viene, como es obvio, puede haber días de lluvia en Semana Santa y en Feria. No hay que aguardar a media hora después del primer chaparrón para caer en la cuenta de lo poco que le ofrece Sevilla a los turistas en esa circunstancia.

Se confunde que las fiestas son organizadas por los sevillanos para sí mismos, con una actitud displicente hacia el foráneo. El mensaje subliminal es, sea cual sea la climatología: apáñeselas como pueda.

En abril de 2013, habrá más parados y menos dinero para jarana. El Ayuntamiento tiene que descartar para muchos años cualquier intención de ampliar la Feria. Realismo al poder, por favor. Además de no errar con las capas de albero, debe centrarse en dos objetivos: evitar que sólo la puedan disfrutar los potentados y sus amigos, mientras dos tercios de la ciudad dan el paso atrás por falta de euros; y rentabilizar al máximo para el turismo la inversión que se hace en montar muchas casetas, en las horas que los sevillanos van a dejarlas desiertas sí o sí.

Por ejemplo, en esta segunda vertiente, es posible y deseable que el Ayuntamiento estudie con las cadenas hoteleras de gran o pequeño formato cómo resolver de una sola tacada dos necesidades: darle cabida a muchos turistas que están desubicados en la Feria (las visitas guiadas están bien, pero hay que aspirar a un salto en la economía de escala, la clave es que vivan durante horas dentro de las casetas), y favorecer que se gasten más dinero en la misma en la Feria del mediodía, de doce a tres, de la que han desertado la mayoría de los sevillanos, y en la Feria de madrugada o after hours, de la que se reniega a la vez que se abre paso la generación de la botellona.

Es factible abrir con mucha antelación una convocatoria a todos los propietarios de casetas, a su vez entroncados con la hostelería que gestiona sus respectivas cocinas, y estudiar la posibilidad de que ofrezcan en las casetas un número determinado de plazas para turistas un par de mediodías y/o un par de noches, con horarios y con consumición. Y esas plazas pueden ser comercializadas por los hoteles, sirviéndoles de gancho extra para su presencia en internet y en catálogos de viajes. De ese consumo tasado, el beneficio se repartiría entre hoteleros, hosteleros y socios de casetas, a los que, de este modo, se les abarataría el gasto de montaje en el real.

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