Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Seis puntos en el aire, otra trampa

Desde aquel vergonzoso verano de 2005 ya estaba claro que el Betis quedaría prácticamente imposible

OTRO detalle que debe agradecerle el bético al que, a su antojo, manejó la barca durante una eternidad. Dicha cuestión es no haberle pagado al PSV por Robert de Pinho en su momento, que fue hace dos años largos, lo que puede acarrearle unas consecuencias funestas al Real Betis Balompié. Afortunadamente, el club se halla ahora en manos bastante más competentes, o simplemente competentes, y sus regidores andan a machetazos legales con la autoridad vigente. Nada menos que a seis puntos asciende la deuda con los holandeses según Blatter y viendo cómo Ángel Villar trata al Betis, quién sabe qué pasará.

De momento, aunque tras entrar en esa vergonzante Ley Concursal a que fue abocado por el innombrable que lo llevó al despeñadero, la Liga le autoriza a fichar, en la Federación siguen erre que erre, con lo que difícil resulta creer que no va a prosperar la sanción que ordena la FIFA. Por lo menos, la inquietud sí que tiene plaza en este viaje que nadie sabe cómo va a terminar o si va a terminar de una puñetera vez. Seis puntos es una cifra que resultaría difícilmente recuperable en la carrera por volver a donde se debe y más cuando se da la curiosidad de que haya sido, precisamente, con el Betis ahí cuando escapar de Segunda lo han hecho indiscutiblemente más trabajoso.

Nadie sabe cuánto lodo van a generar los polvos, con perdón, acumulados en la larga noche loperiana y la verdad es que los que ahora están andan manejando con pericia la aspiradora que los haga desaparecer. Desde que la cosa pintó como pintó en aquel desastroso verano de 2005, estábamos convencidos de que el mandarín iba a dejar las cosas a modo para que sus sucesores se estrellasen, no tuviesen salida y a él lo echasen de menos. La trampa con el PSV es la penúltima celada, el solar está como está, pero afortunadamente las cosas se encuentran en unas manos que ni a echarse a soñar por esos béticos que se temían, y aún se temen, lo peor.

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