César romero

Escritor

Me quedo conmigo

Nadie en la gala de los Goya lamentó la práctica liquidación del ciclo 'Historia de nuestro cine'

No hubo apenas, en la reciente gala de los premios Goya celebrada en Sevilla, momentos reivindicativos a los que tan proclive es cierta parte del cine patrio. Salvo el emotivo discurso del premiado Jesús Vidal y la versión antológica de Rosalía del tema Me quedo contigo, todo transcurrió con la aburrida normalidad de estas ceremonias. Nadie, por ejemplo, se quejó de que TVE haya liquidado en la práctica el ciclo Historia de nuestro cine, que durante más de tres años ha programado películas españolas a diario en La 2, dando a conocer obras que jamás se habían visto en la tele. Algo sorprendente. Si cualquier artista alabaría que una televisión dedique algunas horas a hablar del arte que practica, ¿cómo es que nadie del cine se quejó de que cercenen de esa manera tal escaparate cotidiano?

Un malévolo quizá pensara que nadie ha criticado esta medida porque la ha adoptado una TVE cuya máxima responsable es una de las musas de la progresía ochentera, la agria Rosa María Mateo, o porque el mayor beneficiario económico de la reproducción de esas cintas ha sido un productor, el rancio Enrique Cerezo. Empero, maldades aparte, que nadie del cine español actual que estuvo presente en la gala haya lamentado la interrupción de este ciclo quizá se deba a otras razones. Puede que muchos de quienes defienden a capa y espada el cine español, y viven de él, no conozcan lo suficiente su Historia, no hayan visto siquiera la mitad de las películas que La 2 ha pasado durante estos años por la noche. Y, antes que reconocer esa laguna o vergüenza, sea preferible pasar de soslayo.

O quizá, como ha apuntado el escritor Benítez Ariza, gran aficionado al cine y crítico que le ha dedicado más de un libro, puede que la motivación sea otra. El visionado de ese largo ciclo ha revelado, a quienes no conocíamos más que los nombres habituales de nuestra cinematografía, que el cine español es algo más que Berlanga, Bardem, Saura y Almodóvar. Que sí, que hay mucho cine casposo e infumable, y mucho cine de circunstancias, condenado a ser flor de un día (algo a lo que no escapan tantas películas hoy premiadas, consideradas memorables, pero que a la vuelta de unos años serán tan antiguas como las malas tragedias históricas de posguerra), pero también una serie de autores, una exigua e interesante lista de obras, que no suelen figurar en ese canon que el cine español oficial jalea una y otra vez. ¿Será por esto? ¿Será que la casta del cine español prefiere que no se conozcan obras más allá de las canonizadas como señeras, que quienes son tan dados a reescribir la Historia y a abrir ventanas en casas ajenas no consienten que se descubra que en su casa hay algo más aparte de ellos y su discurso único? ¿Será que no quiero darle a elegir al espectador para que así sólo se pueda quedar conmigo?

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