Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

No quiero

27 de abril 2010 - 01:00

DABA apuro esos prolongados achuchones... esos cariñosos discursos, esas efusiones de hada madrina, con las que Isabel Pantoja agasajó a los niños prodigio y adolescentes pretriunfitos de Quiero cantar. Quiero decir en verdad que Isabel Pantoja, el banderín de enganche de la gala dominical de Antena 3, iba tan estirada como siempre con esa falsa humildad que caracteriza a su sonrisa y fue una madrina muy alejada de los exprimidos concursantes. Vamos, que no hizo intención de arrimarse a los herederos. Pero los enemigos de mis enemigos son mis amigos, pensó Antena 3 cuando fichó al demonio de las tertulias de Telecinco.

Quiero cantar nos pone en la tarima láser a una adelantada camada de aspirantes a famosos en dos grupos de edades: raulitos y jonasbroders. Niñitos encantadores y niñatos que han perdido ya el encanto de la niñez. Todos ellos bisbalitos en potencia y alguno ya conocido por su persistencia vocalista en Menuda noche, con un jurado previsible por ser amabilísimo. Jorge Fernández, en su afán de ser el tío carnal enrolladete, se pasó de revoluciones enternecedoras, como si estuviera contándonos un cuento: como si en vez de niños estuviera tratando con tontos, defecto habitual de estos programas que si lo protagonizan menores no deberían ir en horario nocturno.

Quiero cantar, con sus gallos y su niña Caballé (lo más llamativo, todo los talent de ahora se inventan una Susan Boyle), lo hace la misma productora que el Generación de estrellas de Canal Sur, Europroducciones, otra máquina trituradora de oídos y anónimos. Lo único que merecía la pena del cantarín de Antena 3 era el deslumbrante plató. Si Quiero cantar no llega demasiado lejos, como así será, siempre quedará su escenario disponible para un Eurovisión en Armenia.

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