Tribuna Económica

Joaquín / aurioles

l a recuperación y el desempleo

EL dato de cierre de 2015 de la EPA indica la creación de 137.600 de empleos en Andalucía y la reducción en casi 200.000 del número de parados. Traslada sensaciones igualmente positivas en algunos detalles, como la proporción de contratos a jornada completa e indefinidos y a parados de larga duración y mayores de 45 años. Estos datos habían sido un espejismo hace dos años, aunque la realidad siga marcada por un 30% de desempleo. Siempre queda algún resquicio que impide alcanzar la felicidad completa, aunque en este caso se trate de toda una fractura social que afecta a 1,2 millones de parados, sobre todo porque nos sitúa a las puertas de un nuevo ciclo en el que la tasa paro de equilibrio podría ser significativamente mayor que durante el anterior.

A la espera de conocer los datos del cuarto trimestre, todo invita a admitir que los pronósticos de crecimiento para el conjunto de años, que oscilan entre el 3 y 3,2%, se cumplirán sobradamente y que los indicios de desaceleración para el final del año habrá que trasladarlos al primer trimestre del actual, dada la fortaleza del consumo durante la campaña navideña. La impresión, por tanto, es que la economía podría estar creciendo en estos momentos por encima del que probablemente será su potencial durante el próximo ciclo, en sorprendente armonía con una tasa de desempleo más propia de una situación de emergencia social, que de una etapa de sólida recuperación económica, como parece ser la actual.

Se identifica la tasa de paro de equilibrio a corto plazo, como la correspondiente al nivel de demanda que la economía puede satisfacer sin tensiones inflacionistas. Cuando el nivel de paro es elevado, un impulso de la demanda se traduce en mayor empleo, pero cuando la ocupación es elevada la presión se traslada a los precios. Las estimaciones para la economía española siempre han coincidido en que la tasa de paro de equilibrio es bastante más elevada que en resto de Europa y que se ha incrementado considerablemente durante la crisis. La propia Comisión estimaba que había aumentado desde el 12 al 20% entre 2005 y 2014 y que subirá hasta el 21% en 2019. Lo cierto es que cuando la inflación se ha mantenido estable en torno al objetivo del 2% (primer trimestre de 2004) la tasa de paro en España ha sido del 17,5% y la de crecimiento del 3%. El objetivo de inflación se volvió a restaurar durante el primer semestre de 2010, pero entonces la tasa de paro se había elevado hasta 22,5-24%, mientras que la de crecimiento se había reducido a 0,5%. No existen diferencias entre la inflación andaluza y española, pero entre las tasas de paro existe una distancia de 10 puntos, lo que significa que, si las previsiones de la Comisión se cumplen, el paro de equilibrio en Andalucía durante el próximo ciclo difícilmente estaría por debajo del 25%. La buena noticia es que en la actualidad se crea empleo y se espera crecer en tasa cercanas al 2% como promedio, pero sin ningún tipo de tensión sobre los precios, lo que significa que todavía queda un amplio margen para seguir creciendo sin inflación tensiones sobre los precios y que la Comisión podría haber pecado de pesimismo.

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