La ciudad y los días

Carlos Colón

Que cuatro siglos no son nada

SE ha reprochado siempre a los políticos estadounidenses su desconocimiento de la historia y la cultura del mundo sobre el que influyen. Bueno, no siempre y no a todos. Sólo a los conservadores. Porque quienes que se indignaron o rieron -con razón- cuando Bush confundió África con una nación o dijo que su gira asiática empezaba en Japón "porque desde hace siglo y medio América y Japón han formado una de las mayores y más duraderas alianzas de los tiempos modernos", pasan ahora de puntillas sobre las meteduras de pata de Obama en su importante discurso de El Cairo. Dejamos las referidas a otras naciones u Oriente Próximo -suficientemente criticadas por el New York Times y el Washington Post- para ocuparnos de las que nos conciernen directamente.

"El islam tiene una orgullosa tradición de tolerancia: lo vemos en la historia de Andalucía y Córdoba durante la Inquisición", dijo Obama. Ignorando que la Inquisición no es una época, sino una institución; que no se estableció hasta 1478 y por lo tanto no coexistió con la Córdoba islámica, conquistada en 1236; y que sólo cuatro siglos después -más tiempo que el de la existencia de los Estados Unidos- tuvo que ver con los moriscos. Ignorando que esa "orgullosa tradición de tolerancia" se circunscribe a periodos concretos de los ocho siglos de dominio islámico sobre la península. Ejemplares y brillantes, desde luego; pero no menos que otros que se dieron bajo algunos reyes cristianos en el Toledo de los siglos XI, XII y XIII o en la Murcia y la Sevilla del siglo XIII. Ignorando que los episodios de persecución e intolerancia no fueron una patente cristiana, dándose en la España islámica tanto contra los musulmanes considerados herejes (persecución y destierro de Averroes o quema de los libros de Algazel) como contra los "infieles" judíos (matanzas de Granada en 1066 y 1070) y cristianos (mártires de Córdoba). Como escriben Romero Castelló y Macía Capón en Los judíos en Europa: un legado de 2000 años: "El golpe de gracia a la esplendorosa cultura judía de Al Ándalus se lo dieron los almohades que exigieron de todos sus súbditos la conversión al islam".

Tanta ignorancia, junto a tan pocas concreciones, empañó este importante discurso. Aplíquese el presidente Obama (y no digamos ya su mini-yo Zapatero, que anda haciendo pucheros porque le han endosado lo de la Alianza de Civilizaciones a los turcos) el sabio consejo del andalusí Al-Gazal: "Cualquier hombre, salvo el hombre de palabra, se asombra de las faltas de los demás. El único capaz de ver a alguien sin tacha es aquél que actúa, además de hablar".

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