Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Una sostenibilidad más que discutible

LLEGA Bale y se va Soldado, con lo que la distancia existente entre el Madrid y el otrora posible aspirante al título Valencia se acrecientan. Un pasito más en detrimento de la competitividad liguera y lo que te rondaré, morena. Ahora puede que el movimiento siguiente lo dé el Barça para fortalecer la defensa y, sobre todo, para no ser menos que lo único que le importa sobre la faz de la Tierra, no quedarse atrás en la carrera con el Madrid.

Y mientras el baile de cifras obscenas adquiere un ritmo de vértigo, el fútbol español se va desangrando por sus capas más débiles. Por supuesto que nada tienen que ver los dos riquísimos con que el Dépor se salve sobre la campana y quién sabe a qué clavos se agarró o que el Xerez Deportivo ande a un paso de la disolución. La sangría de víctimas es debida, sobre todo, a la megalomanía de dirigentes como Lendoiro o al desfile de inútiles que ha contemplado Chapín.

A todo esto, otro histórico como el Racing santanderino juega en una cuerda demasiado floja. Una cuerda que va de lo mucho que hizo el indio entregándose a un hindú de nefasta memoria a la sospecha de estar inmerso en una trama fraudulenta que, dicen, es impresionante. Así está el patio en un fútbol, el nuestro, que ve cómo todas sus estrellas nativas emigran si no son de las preferencias de Madrid y Barça, mientras que un submundo se las avía como puede para sobrevivir.

¿Cuánto durará este tétrico panorama? Quién sabe; es más, nos preguntaríamos si tal estado de cosas no ha venido para quedarse. Lo de los ricos cada vez más ricos mientras se empobrecen los pobres es el hábitat que va haciéndose natural en este fútbol. Un fútbol que viaja desde el oro de los éxitos del equipo nacional más el poderío hegemónico de Madrid y Barça al plomo de vida que raya muchas veces en la indigencia. Como diría un cursi, ¿es todo esto sostenible?

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