Notas al margen
David Fernández
Los europeos no sabemos ni qué decir
SEVILLA fue en un tiempo una ciudad faro del mundo conocido. En ese periodo disfrutó de un presente esplendoroso, al servir de inmensa alacena de las flotas americanas. Pero, al igual que el reino al que servía, tuvo que alimentar a demasiados funcionarios, pícaros y prestamistas y no supo o no pudo construir su futuro. Hoy, relegada a su condición de ciudad secundaria, mira a su pasado con indudable nostalgia del paraíso perdido. Y este sentimiento me parece que crece con el tiempo. Al menos en su arquitectura. No aceptamos con facilidad los episodios complejos y contradictorios de la historia. El modernismo poético hace confluir en Sevilla, años después de un desilusionado Bécquer y un maravillado Doré, a Forestier, Rubén Darío y Juan Ramón... con el corolario de la arquitectura regionalista y el delicado dominio de la escala de Juan Talavera. Su creatividad nos ha marcado.
El trabajo de todos ellos me recuerda el famoso cuadro de Thomas Cole, El sueño del arquitecto (1838-1840). A través de un gran telón de terciopelo verde recogido a ambos lados, aparece en primer término la figura de un hombre recostado sobre un enorme capitel, que remata una alta columna. Está vestido de oscuro y a su lado tiene planos y útiles de dibujo. Desde la altura mira a un canal ancho o puerto fluvial, que en su orilla derecha alinea varios edificios de la antigüedad: templos griegos, acueductos romanos, pilonos y salas hipóstilas egipcias. Y por encima y a lo lejos, una gran pirámide. A su izquierda y en primer plano, casi en silueta, una arquitectura gótica emerge brillante y esbelta. ¿Es posible el diálogo entre las dos orillas? El arquitecto sueña que sí.
En 2001, la Oficina del Plan de Sevilla montó una exposición denominada Memoria del Futuro. La conciencia anticipadora: propuestas urbanas 1970-2000, como parte de los trabajos preparatorios del nuevo planeamiento de la ciudad. En la memoria del catálogo se podía leer: "Es un sueño que sobrepasa la condición de los mortales tener todas las perspectivas posibles sobre una ciudad. El Plan de Sevilla ha querido acercarse a la perspectiva ignorada de la Ciudad que tuvieron sobre ella los hombres que la imaginaron de otro modo. Los artistas-arquitectos que la amaron de forma secreta y que la soñaron con unos contornos que nunca ha llegado a tener. La Ciudad ha sido construida por todos aquellos que la han recreado en su imaginación aun cuando su proyecto no haya logrado carta de naturaleza en la realidad física".
Esa ciudad imaginada y no alcanzada a construir, en ningún caso debe caer en el olvido. Sin embargo, esas iniciativas han quedado en la mayoría de los casos veladas y ajenas a los ciudadanos. Y aunque en ocasiones no sean aceptadas por nuestros paisanos las arquitecturas que proponemos, debemos recordar que amamos a nuestra ciudad tanto como el que más. Y a veces en nuestros sueños vemos la ciudad anhelada. ¡Que todos vean esas arquitecturas soñadas, dibujadas y amadas!
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