La ventana

Luis Carlos Peris

Un suizo eleva el listón en el 'mangazo'

CONOCIDO es que los recovecos de la picaresca son inextricables y que irse por la cara del restaurante es uno de los apartados más enjundiosos de dicha ciencia, la de la picaresca. Aquí hemos visto de todo, hasta lo de irse caminando de espaldas para hacer ver que se entra y no que se sale. O mandar que se apunte la cuenta en la barra de hielo, cuando el hielo tenía esa forma y no en cubitos como ahora. Pero todo lo ha superado el suizo Pascal Henry tras ponerse de los nervios al comprobar a cuánto ascendía la dolorosa en El Bulli. El emporio gastronómico de Ferrán Adrià está situado camino de ninguna parte, en medio del campo, entre Rosas y Cadaqués, Ampurdán puro. Y el suizo se fue sin decir ni adiós, nadie sabía que hubiese llegado con coche, y lo han encontrado en su país a los dos meses. ¿Cómo sería la cuenta para salir de naja como salió este hombre? Eso es irse por la cara... y con nocturnidad.

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