Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Sin tela

DE verdad que impresiona que un programa tan comercialmente voraz como La noria tenga empaque de noche de luto o que parezca que ha pasado a la parrilla de La 2, con esos segmentos de contenidos tan largos y esos intermedios tan chiquitillos que dan lástima. Las navajas y las caries se han desmarcado de la contratación, pero siempre les quedarán los desatascadores de retretes, todo un monumento involuntario, y las autopromociones de Aída.

Los anunciantes, por efecto llamada y evitando el fuera de juego, se han ido de La noria. Pero, que conste, no de Telecinco. Quiero y no puedo. Sálvame, Enemigos íntimos o Acorralados no tienen mucho que envidiar al programa del sábado, pero lo de la madre de El Cuco ha servido de aviso a navegantes y, por ahora, un punto y aparte. Algún día podrán volver los anuncios a la sombra de Jordi González, pero algo se ha movido en el concepto del "todo vale" de la televisión en España. Las redes sociales sacan músculo junto a la prensa escrita, los dos foros donde se ha torcido el brazo de unos anunciantes que han dado la sorpresa. La noria anda más suave desde este sábado (¿qué familiar de Al Bano queda por pasar?) y el plante del bolsillo vacío no ha caído en saco roto.

La primera conclusión que ha de sacar Telecinco de todo este asunto es que ha de cambiar la estrategia de comunicación. Con un poquito de humildad se habrían reconducido los primeros momentos de esta personal crisis. Jordi González estalló en twitter, donde se fraguó el inicio de esta revolución de indignados, y no mejoró la situación repartiendo pringue entre los demás medios. La justificación pública en La noria de la semana pasada fue frustrante. A Jordi González y a La noria es cuestión de que se le bajen ya los humos. Y a Telecinco, con Berlusconi en su casa, le ha llegado el momento de hacer algo distinto. Que llamen a Buenafuente.

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