La ciudad y los días

carlos / colón

El tonto de las dos Españas

SE alzó ayer un coro nacional de editoriales cantándole a Pedro Sánchez la hermosa Nobody Does It Better que Marvin Hamlish compuso para Carly Simon. Eso sí, cambiándole la letra: Nobody Does It Worst (Nadie puede hacerlo peor). El nuestro le reprochaba su "cerrazón y falta de cintura negociadora" y que rozara el cinismo político al asegurar que "desde la izquierda decimos a las derechas que se pongan de acuerdo", fingiendo ignorar la deriva de "los nacionalistas catalanes, inmersos en un delirante proceso soberanista". El Mundo deploraba su "hipocresía" y su obstinación al "aferrarse al no" incluso ante las concretas propuestas que le hizo un Rajoy que por fin abandonaba su postura de esfinge. Para Abc Sánchez demuestra "un notable analfabetismo político, una simpleza estratégica alarmante y una escasa vocación democrática".

Pero fue El País quien llegó más lejos; y para el PSOE esto es como si L'Osservatore Romano pusiera de chupa de dómine al Papa: "Empeñado en conducir a su propio partido y a su país a un callejón sin salida", "juego de verdades a medias o simples falsedades", "esconder su fracaso electoral en dos ocasiones consecutivas y su manifiesta incapacidad para afrontar este crítico momento", "juego arcaico de dividir al país en dos", "cálculo personal para sobrevivir como secretario general", "no merece dirigir un partido al que día a día condena a la irrelevancia"… No recuerdo un editorial tan duro dedicado a un líder socialista.

¿Se equivocan todos? Óscar López -apañado está Sánchez con López y Hernando como chevalierservant- decía la misma mañana que Rajoy se parece a esos conductores que, tras meterse a contramano, creen que son los otros quienes están equivocados. Pues, leída la prensa de ayer, se diría que es Sánchez quien conduce al PSOE como Scorpio conducía el autobús escolar en Harry el sucio. El enrocamiento de Sánchez en una España de buenos (él y la izquierda) y malos (Rajoy y la derecha) inconciliablemente enfrentados es una indeseable herencia de Zapatero, que practicó ese peligroso "juego arcaico de dividir al país en dos" para deslegitimar como heredero del franquismo y dudosamente democrático al PP, y justificarse como el heredero legítimo de una idealizada y falseada Segunda República. Esperemos que Rajoy y Rivera desatasquen la situación y que el PSOE demuestre tener recursos para frenar a este Mesala.

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