Tribuna Económica

Joaquín Aurioles

El turismo como bomba de tiempo

Joaquín Aurioles enumera las ventajas e inconvenientes del sector de más peso para la economía española y desvela cómo varias ciudades europeas están limitando la actividad por los perjuicios que traen para sus ciudadanos.

ASISTIMOS a los últimos capítulos de un verano de récord en casi todas sus manifestaciones cuantitativas, aireadas con complacencia por todos los medios de comunicación, pero que también coincide con la multiplicación de las advertencias sobre la bomba de relojería en que puede convertirse el turismo en destinos punteros como España. Las proclamas apocalípticas han sido habituales en la historia del turismo. En los años 70 se le presentaba como un gigante con pies de barro y en los 80 se pregonaba el agotamiento del turismo de sol y playa y su inminente funeral. Las advertencias actuales pueden parecer igualmente catastrofistas, pero a diferencia de las anteriores, no cuestionan la potencia del fenómeno, sino que se limitan a advertir sobre sus posibles consecuencias a medio plazo y a recomendar el destierro de las estrategias incrementalistas y su sustitución por otras en las que primen la estabilidad de los mercados.

En los últimos años se ha ampliado la oferta de destinos turísticos internacionales, pero no tanto como han crecido y diversificado los mercados emisores. La consecuencia es que para los más consolidados de entre los primeros se pronostica un aumento considerable de la presión de la demanda a medio plazo. Además, el turismo es un sector con algunas características particulares. Una de ellas es que, como cualquier otra actividad, el turismo tiene sus ventajas y sus inconvenientes para la población, pero mientras que las ventajas son muy elevadas en las primeras etapas de desarrollo por sus extraordinarios efectos multiplicadores y los inconvenientes muy reducidos, la proporción se va invirtiendo a medida que aumenta su implantación. Los beneficios siguen aumentando, pero a un ritmo cada vez más reducido, mientras que los costes de congestión, los medioambientales y, en general, el coste de la vida para la población autóctona, se multiplican. El saldo de ventajas e inconvenientes puede volverse negativo para el conjunto de la población, como han entendido algunas ciudades europeas, cuyo número no deja de crecer, que han decidido poner límites al crecimiento de la actividad. Una segunda particularidad es que el turismo permite la apropiación privada de los beneficios de la actividad, pero tiende a descargar los inconvenientes sobre las espaldas del conjunto de los ciudadanos. Es un caso típico de externalidad negativa, cuyo máximo exponente puede ser el "turismo basura" o "de borrachera", pero que también adopta otras manifestaciones. Por ejemplo, el de algunas localidades andaluzas donde arrecian las críticas contra la pasividad de las autoridades, o quizás también incapacidad, frente al secuestro por invasión de calzadas públicas por parte de terrazas de bares y restaurantes.

En este mismo periódico, Francisco Ferraro presentó (16/8/2015) una descripción pormenorizada de la situación y unos años antes, en abril de 2008, Nunes y Spelman, publicaban en Harvard Bussines Review un artículo premonitorio titulado The Tourism Time Bomb. Existen recetas para plantarse ante el problema, pero su eficacia exige como requisito previo tomar conciencia del mismo.

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