Desde mi córner

Luis Carlos Peris

A ver quién es el que duda ahora de Sampaoli

CUANDO el Sevilla volvía con las alforjas vacías de su doble compromiso de agosto, una inmensa mayoría de clientes quería echar al entrenador. El entrenador era y, afortunadamente para el club, es Jorge Sampaoli, rosarino que cuajó lo mejor de su carrera en la selección chilena. Para colmo, aquellos cuatro goles del Espanyol sólo hicieron reafirmar a los disidentes de que el Sevilla caminaba sobre un alambre nada fiable.

El partido de Turín también iba a jugarle en contra, ya que su pizarra distaba mucho de su discurso. También fue muy criticada la alineación en Ipurúa y no porque no hubiese ni un solo español de salida. Pero al hombre, del que afirman que es un obseso que sólo vive para el fútbol, le acompañaban los resultados aunque no fuesen siempre merecidos. Un entrenador vive de los resultados y la figura de Sampaoli fue aguantando siempre a la espera de tiempos mejores.

Y esos tiempos han llegado y de qué manera. En la pomada liguera y encabezando su grupo de Champions, quién hubiera dado más cuando tanto se dudaba de su metodología y, sobre todo, de su discurso. Para colmo, la cercanía de Juanma Lillo no contribuía al acercamiento, pero el equipo no paraba ni para coger impulso. Y así llegó a donde se halla para que en esta hora el sevillista sea feliz, pues en su siglo y pico pocas veces ha visto sus deseos tan rematados.

Se lesiona Nasri y sale Ganso, que es un más de lo mismo, a la vez que se agiganta por partidos la figura de un N'Zonzi que ha logrado que absolutamente nadie se acuerde del bien vendido Krychowiak. Y cada cita en Nervión se convierte en una gran fiesta donde todo es alegría y ganas de vivir. No juega el mejor del equipo y se liga póquer de goles, qué maravilla. Y pasado mañana, Messi y la compaña con el convencimiento indudable de que ganarles no es ninguna utopía.

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