Juan Miguel Villar-Mir

Madrid

Respuesta al señor Rodríguez Ibarra

Me resulta muy sorprendente que el ilustre ex presidente de Extremadura, don Juan Carlos Rodríguez Ibarra, haya respondido destempladamente a una petición mía de rectificación por los infundios que vertió sobre mi persona en este mismo medio, con el poco sólido argumento de que no he hecho lo mismo ante todos los que, según su criterio, lanzaron en primer lugar sus descalificaciones, Corinna Larssen y el señor Villalonga.

Aunque no tengo el gusto de conocer personalmente al Sr. Rodríguez Ibarra, tengo oído de buena fuente que es, además de reputado filólogo, un político profesional que ha dejado un rastro apreciable de honradez y competencia durante su dilatada labor al frente de Extremadura y que ha merecido un balance generalmente positivo tanto de parte de sus correligionarios de partido como de sus adversarios, que es lo que más mérito tiene.

Ambos compartimos además algunos antecedentes similares, puesto que él se declara un hombre de la Transición, proceso que admira sinceramente y a cuyo frente estuvo don Juan Carlos l, en tanto yo puedo arrogarme legítimamente el mérito de, sin haber pertenecido jamás a partido político alguno, haber sido vicepresidente económico y ministro de Hacienda en el primer Gobierno de Su Majestad.

Fue un Gobierno corto en el tiempo pero que autorizó la libertad de formación de partidos políticos y la libertad sindical, al tiempo que yo mismo, mientras intentaba detener la desbocada inflación, tuve tiempo de idear, liderar y publicar el Libro Blanco de la Reforma Fiscal, que puso las bases del sistema fiscal en vigor prácticamente hasta hoy.

Por estas calidades humanas y profesionales que le atribuyo, me extrañó que el Sr. Rodríguez Ibarra se prestase a dar crédito a un bulo que respondía a una infamia que, más que a mí, perseguía objetivos de mucha mayor significación. Parece evidente que la simple difusión de mentiras como puños a cargo de la tal Corinna por intermedio de un policía corrupto no merecía respuesta de mi parte. No he visto en mi vida a esa Corinna, ni mucho menos he participado en los zafarranchos financieros que se citan.

Dicho lo cual, confío en que el Sr. Rodríguez Ibarra comprenda mi irritación, que debería halagarle, porque se debe a que tengo por cierto que sus cualidades humanas le tienen reservadas todavía misiones más altas que la de propalar insensateces ajenas.

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