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Vacunas para la propaganda

La OMS ha sido muy prudente al valorar la vacuna de Putin, que no ha pasado por las fases 2 ni 3 ni se ha publicado su explicación en ninguna revista internacional

La comunidad científica internacional y la Organización Mundial de la Salud (OMS) han acogido con escepticismo la vacuna anunciada por Rusia. Su presidente, Vladimir Putin, se ha apresurado a anunciar que su país es el primero que logra producir una vacuna contra el coronavirus, remedio que lleva el nombre comercial de Sputnik, en recuerdo del primer satélite que se puso en órbita y que era de fabricación soviética. Es un claro ejemplo de propaganda política, en el que Putin llegó a mencionar a una de sus hijas como una de las personas en las que se ha probado la vacuna. La OMS ha sido muy prudente al valorar el anuncio ruso, podía haber sido más crítica, ya que la vacuna no ha pasado aún por las fases 2 y 3. Tampoco hay una publicación sobre ella en alguna revista científica de prestigio. En cada una de las fases se amplía el número de participantes en los ensayos, pasando de decenas de voluntarios a miles. En la actualidad, y según la OMS, sólo hay seis modelos de vacuna que se encuentran en la fase 3. Son las de Moderna, las de Astrazeneca, una alemana y tres chinas. Por tanto, hay que ser tajantes: no se debe comercializar una vacuna que no ha pasado por todas las fases, como es el caso de la rusa. Ya en 2006, Putin también anunció una vacuna contra el virus del ébola de la que después no se ha sabido nada más. Comercializar una nueva vacuna no es nada sencillo. Por lo general, se tardan diez años en diseñarla y producirla. El modelo más rápido es el que la norteamericana MSD ensayó con el virus del ébola, y necesitó de cinco años. Lo que creen los expertos es que la vacuna estará disponible para su uso masivo el año próximo, aunque haya algunas que puedan comercializarse en diciembre. No obstante, ésta es la visión más optimista, porque es posible que, en efecto, haya varias vacunas para el SARS-Cov-2 en el mercado en los próximos meses, aunque necesitarán años para que sean muy efectivas. Conviene no levantar falsas esperanzas sobre la fabricación y aplicar buenas dosis de escepticismo científico cuando se anuncie o hable de remedios que cientos de millones de personas esperan con cierta angustia.

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