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La poco eficiente "responsabilidad individual"

A la vista está que los llamamientos a la "responsabilidad individual" no consiguen frenar el virus. Sólo las restricciones y las vacunas lo pueden lograr

Desde el inicio de la pandemia, las distintas administraciones del Estado, independientemente del partido político responsable de su gestión, han hecho repetidos llamamientos a la "responsabilidad individual" como la mejor manera de frenar la transmisión del coronavirus. No es un llamamiento baladí. Todos los estudios científicos solventes coinciden en que el virus se aprovecha de la cercanía de las personas para, fundamentalmente a través de los aerosoles, conseguir medrar. Por tanto, el mejor método de impedir su expansión, sobre todo mientras no han comenzado las campañas de vacunación, es limitar nuestros contactos personales a los estrictamente necesarios. Durante la pasada primavera, el llamado confinamiento duro consiguió restringir por decreto ley nuestras relaciones hasta extremos que eran completamente desconocidos para nuestras generaciones, pero una vez que se inició la llamada nueva normalidad la responsabilidad individual pasó a ser un elemento fundamental para frenar el virus. A la vista está que, por los motivos que sean, no está funcionando, y sólo hay que ver las aglomeraciones en los lugares de ocio para comprender hasta qué punto los ciudadanos no hemos terminado de interiorizar la consigna de las autoridades. Pero esto no se debe a ningún tipo de determinismo antropológico de los pueblos del sur, como algunos han señalado. Problemas similares se han detectado en países del norte de Europa, y por eso Alemania ha preferido endurecer su confinamiento hasta el fin de las Navidades. Por tanto, las autoridades deberían dejar de hacer tanto hincapié en la responsabilidad individual, algo que se está demostrando que no termina de funcionar, y tomar las medidas que crean oportunas para frenar el virus, por duras que puedan parecer. Aparte, nuestra sociedad debería hacer una profunda y seria reflexión sobre su poca disposición para hacer los más mínimos sacrificios. De poco sirve salir a aplaudir todas las tardes a un balcón si, al día siguiente, descuidamos las normas más elementales de la lucha contra el coronavirus.

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