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La necesidad de una política de altura

Cataluña y la inmigración son temas de Estado y deben quedar fuera del rifirrafe diario de los partidos políticos

Ayer en el Palacio de la Moncloa quedó reflejado el profundo cambio que la política española ha experimentado en los últimos meses: un nuevo presidente del Gobierno recibió a un nuevo líder de la oposición. Hace poco más de dos meses, Pedro Sánchez era el secretario general de un PSOE en horas bajas y no tenía escaño en el Congreso y Pablo Casado, uno de los jóvenes cachorros del PP a la búsqueda de protagonismo mediático y que ni de lejos tenía al alcance de la mano ser el sucesor de Mariano Rajoy. Aunque el encuentro de ayer hay que inscribirlo en los contactos de cortesía habituales entre los principales dirigentes políticos del país, tiene importancia por la delicada situación que atraviesa España. Sobre la mesa se pusieron temas de enjundia que requieren políticas de Estado y que no deberían estar sujetos al rifirrafe diario de declaraciones y contradeclaraciones. El desafío separatista de Cataluña y el problema que tiene España con la inmigración, entre otras cuestiones, merecen que se abandonen los intereses cortoplacistas de los partidos y se enfoquen como lo que son, retos en los que España se juega su estabilidad nacional y su prestigio internacional. Más allá de las buenas intenciones genéricas, se evidenciaron los desacuerdos de fondo. Aunque la falta de compromisos concretos, como era previsible, fue el balance de la reunión de ayer, es de esperar que por lo menos se fijaran unos límites para que ni Cataluña ni la inmigración se conviertan en arma arrojadiza y los dos principales partidos del panorama nacional intenten acercar posturas que permitan soluciones a largo plazo. Pero es difícil ser optimista en este aspecto. España parece que está sumida en una permanente precampaña electoral y en estos momentos parece poco probable que se vaya a concluir lo que resta de legislatura. El barómetro electoral presentado ayer por el CIS confirma, como hacía el sondeo de Metroscopia publicado por este periódico el pasado domingo, que la llegada de Pedro Sánchez a La Moncloa ha supuesto un espectacular crecimiento de las expectativas electorales del PSOE y, aunque el trabajo de campo del CIS no lo recoge, hay que contar también con que el nuevo liderazgo de Pablo Casado ha impulsado notablemente al PP. De alguna forma, en esta difícil situación política parece que los españoles vuelven a mirar a las dos marcas que han asegurado, con sus muchos problemas, el funcionamiento del sistema democrático durante las últimas décadas. Pero los espejismos electorales no deben confundir a Sánchez y a Casado, que tienen la responsabilidad y la obligación de hacer política de altura.

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